, archivado en The Good Wife ,

Ante las despedidas, es muy humano columpiarse por el abismo de la prosa Coelho. Más aún con estas narrativas prolongadas que son las series de televisión, donde la familiaridad con los personajes, el acompañarles durante años en la salud y la enfermedad, los convierte en amigos, en peña con la que uno cree haber compartido café, pitillos y confidencias. Si cualquiera de nosotros invitara a cenar a Alicia Florrick sabría a qué tipo de restaurante llevarla, qué vino ofrecerle y sobre qué temas derivar la conversación.

Sin embargo, también resulta saludable tomar distancia y ejercer una suave presión crítica, incluso para las historias que a uno le tienen ganado para su causa, como The Good Wife. Yo también la lloraré. Pero el amor verdadero es como el Ajax Pino: pasas la fregona no para joder, sino porque te gustaría mantener todo reluciente y limpito, como estaba el primer día. El matrimonio, glorioso corolario, es simplemente la constatación de que la blancura permanente es una quimera.

Así pues, ataviados con delantal y guantes, habría que empezar por donde ya rascábamos el año pasado: el relato, desde un punto de vista estructural, nunca supo recobrarse de la “huida” de Will Gardner. Las macrotramas se han balanceado tanto que uno sería incapaz de recontar todos los despachos que ha pisado Alicia desde enero del 2014. Semejante tiqui-taca ha obligado al relato, como propina perversa, a colocar a varios de sus personajes en líneas argumentales sostenidas con respiración artificial: el año pasado el rollo carcelario de Cary o el secretariado mafioso de Kalinda; esta tanda, de nuevo, el desplazamiento “genérico” de Cary o la forzada -y, a la postre, mero mcguffin- imputación de Peter por corrupción. Caquita.

Esta zarabanda de alianzas y personajes resulta lógica -y que se haya mantenido durante siete temporadas, casi milagroso- en una serie que debe llenar 22 capítulos por temporada. Pero, entonces, chocamos con lo de siempre: el agotamiento narrativo. Movimientos que en la segunda o tercera temporada tenían su gracia, como las batallas entre Alicia y Cary, ahora no pueden reeditarse sin desprender un tufillo telenovelesco, de movimiento perpetuo… y en espiral. Molaría que algún fan fatale diseñara un timeline con los amores-odios entre Alicia y Diane, desde la primera entrevista hasta esa última mascá; pincho y caña a que el dibujo se asemejaría a una cordillera de dientes de sierra.

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(A partir de aquí espoilers de toda la serie)

Eso no quiere decir que esta temporada no haya habido adiciones interesantes, en especial por la solvencia de sus intérpretes: desde la forja de una amistad profesional y leal con Luca Quinn (Cush Jumbo) hasta la atracción casi adolescente por el carismático Jason Crouse (Jeffrey Dean Morgan). Pero ni los más alicistas pueden contrariar la evidencia de que este drama legal, amoroso, familiar y político hace años que abandonó sus más verdes praderas. Aquí resumen lo mejor… y lo peor.

Lo ocurrido en la season finale sirve como paradigma: hubo destellos interesantes, pero todo el capítulo dejó frío al personal. Le faltó emoción, poderío. La resurrección de Will Gardner funciona como guiño a los fieles, pero ocupó demasiado tiempo de pantalla.  Sobre todo, porque el espectral Will hace meses que dejó de ocupar la mente de Alicia. Surgió de la nada para ampliar a triángulo melancólico e imposible lo que durante todo el año se había reducido a una perversa dicotomía: la responsabilidad política y el compromiso matrimonial (Peter) frente a la aventura excitante, liberadora y adánica con Jason.

Contemplando la última secuencia, uno se atrevería a aventurar que el afán de circularidad ha impuesto un camino tortuoso a la historia. Errado. Metido con calzador. Se trataba de espejar el piloto: hay una rueda de prensa donde la buena esposa apoya los errores de su marido, unas manos que esta vez no se entrelazan, un amor perdido en la habitación de al lado y una bofetada justiciera. Sin embargo, el artefacto no funciona. Sobra escuadra y cartabón y falta vida, esa intensidad que sí recoge el gesto de Alicia al sobreponerse a la bofetada de Diane. Es el momento que más me pone de la clausura porque, precisamente, sintetiza bien el camino de Alicia Florrick: una mujer que, sin renunciar a sus conflictos internos y contradicciones, a su maternidad y a su profesión, ha aprendido las reglas del juego. No es casualidad que en los últimos capítulos hayamos alumbrado una Alicia inédita: la que simula lágrimas y sonrisas frente al implacable Connor Fox o el impagable Louis Canning (la frase del año: “Oh, Dios, Alicia: te quiero”).

Así, en una serie inteligente, amable, sin grandes ambiciones de ceja alta, la sorprendente conclusión que nos deja el relato entronca con esta fiebre de los antihéroes que han infestado la tercera edad dorada de la televisión. Tras siete galopadas de engaños y promesas, de triunfos y decepciones, de luchas por su familia y adioses inesperados, tras inviernos de batalla entre legalidad y moralidad, de tensión entre hipocresía y autenticidad, Alicia concluye su periplo con una amarga victoria… o con una dulce derrota, sintetizada en lo que Mr. McGuffin condensa como “De la señora Florrick a Alicia“. ¿Me explica el oxímoron? Sí, claro.

"Payback" -- Jason employs aggressive investigative tactics when he assists Alicia and Lucca with a student loan case. Also, Howard Lyman alleges ageism at Lockhart, Agos & Lee, pointing to Cary as the primary offender, and Eli stirs up Florrick family drama on Peter's presidential campaign, on THE GOOD WIFE, Sunday, Nov. 1 (9:00-10:00 PM, ET/PT) on the CBS Television Network. Pictured (L-R) Julianna Margulies as Alicia Florrick and Jeffrey Dean Morgan as Jeffrey Dean Morgan Photo: David M. Russell/CBS ©2015 CBS Broadcasting, Inc. All Rights Reserved

Por un lado, Alicia sale derrotada en esa faceta amorosa que tanto le ha costado dilucidar. Jason ya no es más que una sombra, otro fantasma al que perseguir. Pero, además, en la especie de batalla de matrimonios que es todo el último capítulo, Alicia antepone su carrera política (¿no es esa la mayor motivación para seguir al lado de su “amortizado” marido?) tanto a la estrategia acordada con Diane como al matrimonio de ésta. Es decir, Alicia no teme dejar cadáveres por el camino de su ambición. De ahí la bofetada de Diane. Y, sin embargo, todas estas oscuridades se contrarrestan con ese gesto de dignidad en el pasillo, caminando con aplomo hacia su futuro a pesar de llevar la cara amoratada. Todo lo que ha perdido (amor, amistad, principios) se compensa -¡oh, maldición!- con la emancipación total. Pufff, qué sobredosis de ambigüedad; no extraña que los creadores hayan tenido que salir al quite.

No, no es el final que me esperaba. Mucho más amargo y oscuro de lo que una serie así prometía. Sorry, Alicia.

Y, sin embargo, todos estos peros y estas dos últimas temporadas de perfil medio son solo tropezones para una serie que cuento entre mis favoritas. The Good Wife ha sido importante por su capacidad para conjugar, de manera muchas veces magistral, las historias de fondo con las escaramuzas autoconclusivas. Esa proverbial solidez. La serie del matrimonio King nos llegaba tan dentro por la plasticidad dramática de sus personajes, tan bien escritos que se hacía raro encontrárselos en offside: nos arrancaban carcajadas suaves, amábamos sus tensiones sexuales, sufríamos con sus competiciones internas y sus maquinaciones políticas, nos dejaban boquiabiertos con sus razonamientos en el juzgado y sufríamos con las dificultades para conciliar una campaña electoral y, qué sé yo, la devoción religiosa de su hija. The Good Wife ha sido una serie global, astuta y emocionante, sin gafapastismos ni excentricidades. Ah, y con la mejor pasarela de ocasionales de la televisión contemporánea.

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(Fuente: TV Fanatic)

Pero, quizá, el mayor halago que pueda decir de ella es que si dentro de veinte primaveras mis hijos me preguntan cómo fue la década del 2010, les diré: “ved The Good Wife“. Bajo su corteza de drama legal, el procedimental de la CBS ha radiografiado como ninguna otra serie el tiempo en el que vivimos. Con esos guionistas que siempre escribían con la CNN de fondo, The Good Wife ha sabido insertar en sus capítulos todas las batallas culturales. morales y políticas que hacen de este momento algo tan apasionante: los límites de la censura y el asedio al “free speech”, la “rape hysteria” en los campus, la agobiante losa de la corrección política, las escuchas de la NSA en la era Obama, los límites de la tecnología (desde las impresoras 3D hasta la recurrente subtrama de Chumhum-Facebook), la dramática cuestión del aborto, la legitimidad de la tenencia de armas, la expansión del matrimonio gay, las constantes batallas de las identity politics, las alcantarillas de la maquinaria electoral…

Y, como he dicho otras veces, lo mejor del producto -al menos para quienes nos apasionan las cuestiones ideológicas y digerimos mal el fast-food intelectual y la superioridad moral- era cómo los King se acercaban a todos estos temas sorteando el “estilo santurrón del progresismo estadounidense” (gracias, Jon Gurutz). Por eso siempre recomiendo The Good Wife: porque es una serie con la que se aprende, con la que uno se cuestiona sus principios y sus finales. Porque, en definitiva, ha sido un relato que ha abordado la complejidad sin adulterarla, con honestidad, esto es, con dudas. Y, aquí cuelga la matrícula de honor, lo ha hecho siguiendo la máxima horaciana que coincide con el primer mandamiento de la ficción televisiva: prodesse et delectare. Enseñar cautivando, como cantaba el poeta latino: “Los guionistas televisivos quieren ser útiles y deleitar, al mismo tiempo decir lo que es ameno e idóneo para la vida”.

¡Qué bello piropo decirle a un escritor que su obra ha sido tan entretenida como conveniente para nuestra existencia! Gracias, The Good Wife.

6 Comentarios

  1. carlos risu

    \”Diamantes en serie\” es el blog que recomendaré a mis hijos para entender los blogs sobre series de la década de 2010. (cómo suena eso jaja) O quizás simplemente \” loa blogs\”. No tengo claro como acaba la aventura, siquiera percibo que (al igual que en la recta final de Good Wife) se apaga poco a poco la llama del.. ¿debate? Uffff no lo sé. Mucho retuit y mucho link y mucho favorito, vale, pero el \”Sin Comentarios\” empieza a ser lo habitual aquí. Ese estilo ya es de la década que viene, donde los blogs serán tan obsoletos como ahora lo es la tele tienda de los 90. Y Alicia hizo bien todo hasta el final. ¿O no?

    Es la primera imagen que me ha llegado al leer esto y no me resistí. Podría opinar y argumentar y todo ese rollo pero no me apetece en absoluto. Yo también estuve enganchado a esta serie maravillosa y ahora soy otra cosa… luego ¡Gracias!

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  2. Ion Egúzkiza

    Yo nunca tuve muchos comentarios en mis posts, así que hasta ahora no había interpretado -como hace Risu- ese signo como el final de los tiempos de este medio. Espero que no, porque twitter llega hasta donde llega y para decir más necesita enlazarnos.

    Sobre TGW. Me gusta tu análisis. Me quedo con \”Alicia concluye su periplo con una amarga victoria… o con una dulce derrota, sintetizada en lo que Mr. McGuffin condensa como “De la señora Florrick a Alicia“\”. Creo que es más bien \”amarga victoria\”, aunque sólo sea porque concluye su periplo como Alicia -¡bien!-, pero sola.

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  3. Diana

    Gracias por tu análisis, magnífico y completísimo. Es el primero que coincide con mi visión: que ese final, pese a ser amargo, es una victora para Alicia porque significa su independencia. No solo de su marido, sino hasta de su propia moralidad.

    Y destaco esa Alicia que se ha ido viendo en esta última temporada, cínica, a la que Canning le dice \”Te quiero\” y que en este último episodio responde al fiscal cuando este le dice que \”ya no es divertida y sonriente como antes\”, con un zasca en toda la boca.

    Ahora es dura y ha aprendido a moverse en ese mundo que, como todos hemos visto, es bastante cruel y o te endureces la piel o no sobrevives. Tal vez ahora está preparada para la Casa Blanca, como fantaseaba Eli Gold 🙂

    Qué difícil es terminar bien una serie: si eres conservador, te pierdes un posible gran final (como Breaking Bad, a mi gusto… un final correcto, pero esperable). Si intentas romper, te dan por todos lados… Complicado.

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  4. carlos risu

    Hey. ¡Nunca hubo un \”PREVIOUSLY IN THE GOOD WIFE!

    Buen intento de desmarque pero este año arrasa mi Atleti. (En la USA de The Good Wife el Atleti podría ser cualquier grupo organizado que reclama sus derechos, etc). Y dicho esto, Ejemplo respuesta:

    !Por supuesto que es por mi culpa, Nahum!

    Y qué bonito sería colocar un hipertexto en la palabra \”culpa\”. Jeeee

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  5. carlos risu

    Esto revive ehhh, ¡Nahum! De momento te he traído al ruedo a Ion (También escribe blogs) y Diana ( que piensa mientras escribe luego siente y pone iconillos). Todos de acuerdo en que tus análisis son magníficos… pues PROTESTO.

    ¡Son síntesis! (Y links por si las moscas)

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