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Shōgun

«Por favor, córtate el vientre mañana al atardecer», conmina uno de los personajes en el último episodio. Esta sentencia –nos vale el doble sentido de la palabra– ejerce de síntesis perfecta para Shōgun, una de las propuestas más comentadas y aplaudidas de esta primavera y uno de los hitos del año seriéfilo. Estamos en el siglo XVII en Japón, lo que ya nos proporciona pistas. Esas coordenadas espacio-temporales también nos transportan al aroma samurái de una tradición milenaria, de la importancia del honor, de los lazos de vasallaje. Pero lo que más cuesta tragar para quien no haya visto aún Shōgun es la locución adverbial que enmarca esa orden de suicidio. El mayor éxito de los diez episodios que componen esta magnífica miniserie radica en que el espectador entienda ese «por favor» y esa extraña cortesía ante la muerte obligada.

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