, archivado en El juego del calamar ,

Squid-Game-3

Si la infancia es ese paraíso del que no podemos ser expulsados, El juego del calamar subvierte la máxima para convertir el «Un, dos, tres, palito inglés» en una escabechina salvaje. En ese choque —inaudito, perverso, demente— radicaba el éxito planetario de la serie coreana. Lo que en 2021 fue un fenómeno global —una distopía colorida, despiadada y astutamente coreografiada— regresa en su tercera temporada con un aire de déjà vu recalentado. La serie que convirtió lo grotesco en juego de patio y lo lúdico en carnicería no ha perdido del todo su filo estético ni su capacidad para incomodar, pero sí parece haber perdido parte de su necesidad.

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