, archivado en Por cien millones ,

El secuestro de Quini en Por cien millones

Los años ochenta en España fueron salvajes, en todos los sentidos posibles del término. Un lunes de febrero de 1981, por ejemplo, Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados; el domingo de esa semana, Quini le metía dos goles al Hércules. Ah, también fue el día en el que lo secuestraron. Este en passant siniestro viene a cuenta de lo alucinado, sangriento e inestable de aquella época que uno solo puede recordarla pitillo en ristre, escuchando chistes de Eugenio a bordo de un Seat 131. O de un Simca 1000, ya puestos. Era tal el sabor metálico que, sin ir más lejos, durante las semanas que Quini pasó en su calabozo particular, ETA asesinó a tiros a tres personas, dos de ellas al salir de misa. Esa sociedad que se cocía en una salsa tan mudable, entre la promesa y la maldición, parece, tantos años después, la propicia para una tragicomedia que —por suerte esta vez— tiene más de sonrisa congelada que de sangre esparcida.

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