, archivado en Breaking Bad ,

Quise escribir la semana pasada una crítica global, no solo de la quinta temporada, sino de toda la serie. Sin embargo, he estado trabajando -de manera casi enfermiza- en mi artículo para este pequeño Congreso que organizo dentro de dos semanas. Con gente de tanto nivel alrededor es cuando uno se da cuenta de cuánto le queda por aprender…

No me ha importado no atacar esa reseña final. Me he dado cuenta de que Breaking Bad ha sido, de largo, la serie sobre la que más he escrito (y hablado) en mi vida. Para publicaciones de papelrevistas online, congresos académicos, webs amigas… La palma han sido las 31 páginas de reseñas semanales (¡17.000 palabras!) que he ido pariendo en este blog durante los últimos dos meses.

Ahora solo quiero despedirme ordenando algunas ideas. Yo también necesito clausura.

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He vuelto a ver, por una mezcla de nostalgia y mero placer dramático, varios de los capítulos de esta segunda parte de la temporada. ¡Son absolutamente impresionantes! Tienen fallos, sí, por supuesto, los hemos ido marcando cada semana, pero la sensación global es insuperable. No hay otra serie donde uno se meta tanto en la piel de los personajes. Me lanzo: estos últimos ocho capítulos son la mejor temporada que he contemplado nunca en una serie de televisión (*).

(*) Aquí tenemos un problema, claro, aunque sea meramente nominal: la última temporada también incluye los episodios del 2012, aquellos que catalogué (en especial, tras el asalto al tren; del 5.1. al 5.4. son magníficos) como el peor tramo de toda la serie. Lo mantengo: era mover la trama apresuradamente de un punto A a un punto B. Pero, ejem, la espectacularidad de esta recta final redime aquellas prisas. 

Con afán totalizador, sin meter ni siquiera la puntita del yo, la peña lanza unas soflamas sobre si Breaking Bad es la mejor serie de la historia. Puff, ¡como si las hubiéramos visto todas! La pregunta es pertinente, of course, pero reclama profundidad de campo en la discusión y no titulares grandilocuentes. Hay una variante que me escama más: la de que con el final de Breaking Bad se cierra la edad dorada de la televisión. Escuché la misma murga cuando terminó Six Feet Under, The Sopranos, The Wire o Lost. Y, honestamente, no entiendo esa manía de querer enterrar artísticamente a la televisión. Y, sobre todo, esa urgencia en hacerlo ya. Lo escribía VanDerWerff en un recomendable artículo reciente: vosotros afanaros en expedir su certificado de muerte… que yo seguiré disfrutándola. Se ha venido repitiendo lo mismo desde los sesenta… ¡y la televisión no ha hecho más que seguir avanzando estética, narrativa y dramáticamente! Quizá dentro de veinte años sí podamos decir que Breaking Bad supuso el final de una época o dentro de cinco constatar que cerró el círculo de los antihéroes; ahora aún es pronto y cualquier juicio intelectualmente honesto debería postergar estos sepelios.

Yo no sé si Breaking Bad es la mejor serie de la historia. Estoy muy lejos de ser un relativista, pero no me atrevería a declarar con semejante tono ex chatedra. Sí puedo decir -y hoy me voy a mojar, Isart– cuáles son mis preferidas. Y, por supuesto, me atrevo a defender el porqué de mi ránking. Mis tres dramas favoritos son Breaking Bad, The Wire y The Shield. Justo detrás vendría un once titular conformado, sin jerarquía, por Battlestar Galactica, The West Wing, Friday Night Lights, In Treatment, Mad Men, Deadwood, Justified, Band of Brothers, The Good Wife, The X-Files o la era Kripke de Supernatural.

¿Y The Sopranos falta en esa lista? Sí falta; y sí, tengo un problema con esa serie. Tengo el título del post (“Mis problemas con Tony Soprano“) y las ideas claras, pero nunca saco tiempo para desarrollarlas. Simplificando mucho: nunca he conectado emocionalmente con la serie de David Chase como sí lo he hecho con todas las citadas arriba. Y para mí la televisión tiene mucho de vibración afectiva y de goce puramente narrativo. Porque veo la televisión básicamente para entretenerme. Con Los Soprano me pasa como con cierto arte contemporáneo: admiro su innovación, envidio su radicalidad, aplaudo su ingenio y capto su capacidad para empujar los límites (estéticos, morales, narrativos), pero no disfruto la obra. Es un ejercicio más intelectual que vital. Para que nos entendamos: muy pocas veces “sentía” ansiedad por ver el siguiente capítulo de Tony y su tropa.

Por eso, por ejemplo, reivindico tanto The Shield (y, en su día, cuando aún no era un fenómeno masivo, también Breaking Bad): porque cada capítulo es una fiesta narrativa. El clásico problema catódico entre excelencia y gafapastismo.

De hecho, si analizamos con frialdad, Breaking Bad no ha inventado nada. Simplemente, ha perfeccionado muchos de los elementos que la televisión de los últimos quince años andaba amasando. La de Gilligan no es una serie radical, nunca lo ha sido. Radical es lo que proponían Twin Peaks, Oz y The Wire  o lo que hacen ahora Treme y Louie. La peripecia del antihéroe ya estaba trillada y lo único que hicieron fue aplicarle una vuelta de tuerca: Walter White era un tipo normal al inicio del relato, en lugar de alguien que ya partía de una familiaridad con el crimen, como un Tony Soprano o un Vic Mackey. Dilemas morales y villanos adorables también ha habido un porrón antes; Breaking Bad simplemente les ha añadido un punto -esencial- de perversa conciencia doméstica.

¿Una novela audiovisual? También ha habido decenas en los últimos años; la grandeza de Breaking Bad ha sido mimar tanto -sin apenas pasos en falso ni ralentizaciones forzadas- el carácter orgánico de la trama, sembrando y recogiendo como ninguna otra, permitiendo así una acumulación narrativa y emocional que ha explotado como una tormenta perfecta en sus últimos ocho capítulos. ¿Estilización visual? Que se lo digan, desde esquinas enfrentadas, a productos como Six Feet Under, Mad Men, Pushing Daisies, Luck, Awake, American Horror Story o Hannibal; Breaking Bad estaba fotografiada con el primor de quien ha sabido crear un estilo reconocible (no se pierdan este sensacional enlace al respecto), atractivo y cañero, pero nada más.

¿¿”Nada más”?? Se dice pronto, leñe. Breaking Bad es grandiosa, precisamente, porque es brillante en todas sus facetas, conjugando forma y fondo a la perfección. No flaquea en ningún campo. A Mad Men o The Wire se les puede achacar su ritmo moroso, a Battlestar Galactica su parana religiosa, a The West Wing la huida de Sorkin, a The Sopranos su afán posmoderno, a Six Feet Under su pedantería, a The Shield su cansancio narrativo en la cuarta temporada, a Lost su misterio perpetuo…

Breaking Bad, sin embargo, ofrece la forma más acabada de relato televisivo. La más sólida. Es, sobre todo, una historia muy bien narrada. Excelentemente contada. Eso la hace grande e indeleble. Por eso despierta tantas pasiones y resulta tan adictiva. La primera temporada es interesantísima, pero no deja de ser de calentamiento. El relato gana cuando los secundarios adquieren textura y personajes como Hank, Gus, Mike o el gran Saul (que, no lo olvidemos, aterrizó en el 2.8.) expanden el alcance del relato. Con un añadido: la serie siempre ha sabido remendar sus errores. En uno de los mejores artículos que he leído sobre la serie, Daniel Walters explica cómo ciertos juegos de manos (el accidente de avión), personajes de cartón-piedra (los primos Salamanca) o avances narrativos precipitados (el adiós al negocio de Walter en el 5.8.) fueron aprovechados para hacer de la necesidad virtud y multiplicar el efecto emocional de la epopeya. Esto resalta lo evidente: que en Breaking Bad había peña creativa muy preocupada por pulir el diamante de historia que tenían entre manos. Por eso, también, se negaron a estirarla más allá de lo que reclamaba el auge y caída de Walter White.

En esta reflexión sobre la grandeza de Breaking Bad como relato, conviene recordar que la serie jamás renuncia a los dos grandes motores de la televisión: la emoción y el entretenimiento. Por eso, la narración se afanaba en sorpresas mandibulares, alivios cómicos, enfrentamientos bíblicos, frases memorables, gestos épicos o escenas con vocación de emblema mítico. Una serie inteligente que quería hacer al espectador sufrir y gozar también con inteligencia, sin renunciar a las “manipulaciones” que permite el medio audiovisual… pero sin anclarse únicamente en el sensacionalismo vacuo del shock.

Por eso, el pacto de lectura de la serie nunca fue realista en la trama. ¡Demonios, piensen fríamente en la premisa y verán que no resiste dos telediarios en el mundo real! (sí, ya sé). Al contrario: Breaking Bad flirtea a pecho descubierto con el mito, incluso con el cómic. Bien está. Esto es ficción televisiva comercial, no entiendo por qué esta apuesta debería ser artísticamente inferior a otras más “comprometidas” socialmente.

Sin embargo, los dilemas que ha arrancado Breaking Bad del espectador y las emociones que ha despertado sí han sido genuinas, toda una experiencia catártica y brutal. Breaking Bad ha construido cuidadosamente las emociones desde abajo, nunca las ha impostado. Realismo emocional a borbotones. Puesto con cursilería: el visionado de estas cinco temporadas nos ha hecho mejores porque nos ha permitido conocer un poco más los resortes y misterios del alma humana.

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Precisamente creo que es un error en el pacto de lectura de la serie lo que motiva algunas críticas hacia la season finale. Las más comentadas han sido las de Emily Nussbaum en el New Yorker. De repente, le pide a Breaking Bad un realismo (ay, Stone) del que ha carecido desde su premisa. Pero, incluso aceptando los inconvenientes narrativos que plantea Nussbaum, la propia serie se afanó -ese gusto por atar todos los cabos y premiar el detalle- en dar explicaciones durante el capítulo a (casi) todos los supuestos agujeros que señala Nussbaum (**).

(**) Quizá el más endeble sea el de que cómo llega a casa de Skyler, pero hasta eso estaba apuntado: el reparador de aspiradoras le contaba lo de la nueva casa en “Granite State” y la llamada entre Skyler y Marie anuncia que la policía está en camino; de hecho, aterriza poco después y por eso no puede abrazar a Jr. por última vez. Otro ejemplo: la casualidad de que sea Todd el único que queda vivo, junto a Jesse, qué coincidencia. Si uno revisa la escena, verá cómo cuando empiezan a pelearse nuestros protagonistas, el tío Jack le grita a Todd para que los separe; lógico, dado que todo el encuentro con Walter es casi una deferencia hacia el sobrino. Algo así como un “encárgate de tus mierdas, chaval”. No es gratuito, por tanto, que Jesse acabe junto a Todd antes de diñarla. 

Más sabroso sabe el descontento de algunos críticos y espectadores con el “final feliz” -“complaciente”, en términos echartianos- que propone la serie. Por instinto intelectual desconfío siempre de la unanimidad, por lo que me ha gustado mucho leer estas opiniones contrarias a la marea entusiasta en la que yo también nado. Sin embargo, creo que estas críticas andan erradas en su argumentación. Las discutí, por ejemplo, en los comentarios a este interesante artículo en JotDown. Esas lecturas decepcionadas con el final parten de una doble premisa, maniquea (y hasta forzadamente nihilista) desde mi punto de vista: que el final es “demasiado feliz” para Walter y que su “redención” quiebra la coherencia interna del personaje. Las comillas resultan obligadas, puesto que son el cogollo del asunto. Corto y pego lo que escribía yo ahí (he aprovechado para añadir algún link):

“Yo no creo tampoco que “Felina” haya sido de los mejores capítulos de la serie, pero como season finale funciona a la perfección, precisamente porque clausura (que no es poco, teniendo en cuenta otros finales de series, ejem). No alcanza la perfección de The Shield, pero no hace aguas, más aún si entendemos los dos últimos capítulos como un epílogo, tras el clímax brutal que supuso “Ozymandias”.

Discrepo en lo que la historia que se nos ha contado reclamaba un final aún más trágico. Acepto, como escribí, que se trata de un perverso “happy end”, pero, hombre, no olvidemos que no verá crecer a su hija, su esposa le odia, su hijo le detesta, su cuñado ha muerto… y hasta él palma. ¡¡Muy, muy happy no es todo, desde luego!! (Por cierto, para Heisenberg sí ha sido más triunfal: su muerte en el laboratorio le otorga una gloria mayor que la que le correspondía, puesto que para la opinión pública eso supondrá que ha estado cocinando bajo las narices de la policía, en el mismo Albuquerque).

Pero precisamente por la ambigüedad moral sobre la que se asienta la historia, el final podría haberse decantado hacia algo mucho más amargo (Heisenberg) o hacia lo que se nos mostró (Mr. White). No es incoherente, para nada, que hayan optado por el segundo, precisamente porque ese ha sido el dilema que ha recorrido toda la serie desde el mismísimo piloto (acaba con la frase de Skyler preguntando: “¿Eres tú, Walter?”). Han optado por una historia con cierta redención, acorde con la lucha interna que durante 62 capítulos ha batallado en el interior de ese hombre. Hablando mal y pronto: Walter “vence” en su pelea con Heisenberg (aunque, como digo más adelante, establecer estas identidades como excluyentes sería empobrecer la complejidad psicológica y moral del personaje).

Creo que la clave de tu texto está, precisamente, en una frase que parece sin importancia: “Monástico retiro mediante”. ¡Precisamente eso -tras esa última frontera, que es la muerte de Hank– es lo que hace evolucionar al protagonista los metros que le quedaban hasta el “lo hice por mí, me gustó”! No olvidemos que Breaking Bad siempre ha sido una serie sobre las consecuencias morales de los actos, por lo que no es descabellado que un crimen que supera a todos los anteriores -la muerte de un familiar- conlleve un giro en el protagonista. No solo es la muerte de Hank. Son los “muérete” de su hijo, la distancia con Holly, el desmoronamiento de todo el castillo de naipes con que se autojustificaba, la cuchillada de Skyler, los seis meses de soledad…

No existe la dicotomía Walter/Heisenberg. Ambos pugnan por salir a la superficie constantemente, con sus idas y venidas, unas veces con más peso de uno y otras con más peso de otro. Por eso, tras la hecatombe de “Ozymandias” y meses para rumiar la culpa, no me parece que irse de este mundo haciendo algo por los demás, por los que más quiere -porque no olvidemos que por muy hijoputa que sea Heisenberg, Walter aún ama a su familia- resulte una traición al personaje. Al contrario, entra de lleno en el motor argumental de la serie: esa lucha titánica de un hombre contra sí mismo.

No veo que chirríe para nada con la historia ni que implique una salida Disney o descabellada, puesto que desde el 5.8. Walter había decidido “abandonar”, no lo olvidemos, enterrar a su Heisenberg. Lo que pasa es que ya no puede bajarse del tren que él puso en marcha; el Mal viene ahora a llevarse su parte del pastel.

Si lo quieres ver así, el final apuesta por un sentido cristiano de la culpa: se paga el precio (porque se paga, y bien alto), pero también se intenta enmendar el mal causado.

¿Por qué siempre hay problemas en que el Bien arañe un poco? Cuánto pesimismo, oye”.

Tan acostumbrados que nos tenía el relato a grandes sorpresas, en esta ocasión la sorpresa ha sido el empleo de la línea recta. ¿Complaciente? Sí, vale, los creadores, como la mayoría de espectadores, también sienten cariño por Walter, al que han rehumanizado una y otra vez desde el piloto. Pero no olvidemos que la bofetada de “Ozymandias” excitó los corazones de medio mundo, por lo que metidos en la dinámica de la serie, lo “complaciente” habría sido un final devastador en lugar de la apuesta a contracorriente y casi espiritual por la que optaron. ¿Menos intenso y árido que otros capítulos de la serie? También, no hay duda. Pero tiene su lógica esa quietud: ya no hay consecuencias que asumir posteriormente ni un desorden del que salir haciendo funambulismo. It’s over.  ¿Incoherente con el rumbo de la serie? Para nada, al contrario, es una clausura muy adecuada con la turbia psicología del personaje: provee para su familia al mismo tiempo que acepta su orgullo patológico. Walter -el más listo de la clase desde el principio del show- gana su última batalla en una guerra que hacía tiempo había perdido con Heisenberg; él ha sido el único capaz de acabar consigo mismo.

Creo que la finale ganará con el tiempo, cuando la distancia nos permita comprender mejor la serie como un relato orgánico y cerrado, con ese paradójico equilibrio entre Jekyll y Mr. Hyde. Apreciaremos, entonces, mejor su giro -tensión constante- entre individuo y famila, entre principios y pragmatismo, entre el aroma calvinista de la predestinación y el reflejo cristiano de la culpa y la redención.

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De hecho, doy fe, Breaking Bad aguantará segundos y terceros visionados con una frescura envidiable, donde seguiremos descubriendo detalles que ensanchen nuestra lectura de la serie (***). Tanto detalle en la trama, tanta cuidada y progresiva evolución dramática, tanta visualidad masticable, tanta escena vibrante… Ayer mismo pusimos el último DVD de la cuarta temporada y, en un suspiro, nos tragamos de “Crawl Space” (4.11.) a “Face Off” (4.13.). El relato no podía sorprendernos ya argumentalmente y, sin embargo, resultaba extrañamente enriquecedor tender puentes con lo que ocurriría después entre Walter y Jesse, sentir melancolía por la ceguera de Hank, aplaudir el imbatible ingenio de Mr. White o notar cómo se le encogía el corazón con la última salida que se le escapó al matrimonio White. Ay.

(***) Últimamente, ando obsesionado con un detalle nimio de la season finale que se me pasó por alto (me lo señaló cronicasderick), un gesto apenas perceptible de Skyler que revela no solo lo magnífica que está Anna Gunn, sino la riqueza que esconde cada plano. Esa pequeñez -que reenfocan aquí– convierte la despedida en un movimiento aún más poliédrico y conmovedor.

En esos capítulos también hay tragaderas: lo del tropezón de Beneke sigue resultando flojo. Y, sin embargo, se queda en eso, en anécdota, ahogada por el torrente emocional y narrativo que despliega la recta final de esa tanda. Este verano también revisé las dos primeras temporadas y me quedé gratamente sorprendido de la exuberancia dramática que atesora, la precisión con la que nos va presentando la escalada amoral de los personajes, con sus dudas siempre en carne viva. Ahí también asoman algunos de esos tropezones o salidas de tono como la explosión que Walter -un hombre aún asustadizo y falto de confianza física- provoca donde Tuco (1.6.) o la gratuidad tramposa del osito en la piscina (segunda temporada). Mas, como escribía antes, el tiempo los dejará como borrones, pentimentos en un lienzo que asombra por su trazo vigoroso y trágico. De Hank no recordaré lo pardillo que fue cuando Walter provoca un accidente de coche para evitar que se asome a la lavandería (4.11.) sino el estremecedor diálogo del garaje donde recupera ese detalle (5.9.). Recordaré su obsesión, su valentía, su imposibilidad para “perseguir fantasmas” y la perversidad de los creadores al convertir su heroísmo en una quimera tan demoledora.

Como ejemplifica esa escena, la segunda navegación servirá, también, para deleitarse con otra de las grandes virtudes de la serie: sus actores. Desde las multitudes que habitan en Walter hasta la silente mala leche de Tío Salamanca, todo el elenco exhibe una asombrosa amplitud de matices. La evolución de los personajes lo pone en bandeja. Basta comparar al Hank cowboy y bobalicón de los primeros compases con el odio obsesivo que refleja su mirada antes del “tread lightly”: “¡Heisenberg! ¡Fuiste tú todo este tiempo!”. O la evolución que Aaron Paul despliega en su inolvidable Jesse Pinkman, desde los matices cachondos de su voz en los inicios hasta la gravedad de sus ojos perdidos y atormentados durante el último tramo. O hasta un RJ Mitte, aguantando cinco temporadas para desembocar en esa mirada de rabia e instinto de supervivencia. ¡Qué narices, si hasta la despedida de nuestros “héroes” se condensa en dos miradas que hablan!

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Quizá no tenga sentido desgajar capítulos concretos de una serie que, como venimos insistiendo, necesita totalidad. Pero allá vamos, por si alguien quiere incluir su lista en los comentarios. Estuve dudando entre meter en la lista todavía unos cuantos: “Pilot” (1.1.), “Peekaboo” (2.6.), “Better Call Saul” (2.8.), “Half Measures” (3.12.), “Cornered”, 4.6.), “Fifty-One” (5.4.) “Blood Money” (5.9.), “To’Hajiilee” (5.13.) y “Granite State” (5.15.). Al final, pasaron el corte estos once:

11. “Four Days Out” (2.9.). Un ejercicio de virtuosismo narrativo -un episodio embotellado, al fin y al cabo- que logra generar tensión y agonía con dos tipos en una autocaravana. Ah, culmina en una de las escenas clave de toda la serie: Walter aporreando el lavabo al descubrir que el cáncer ha remitido. Oh, la culpa.

10. “And the Bag’s in the River” (1.3.). El piloto es sensacional, pero uno no se daba cuenta de la hondura moral que podía alcanzar la serie hasta un par de capítulos después. El primer dilema trágico de Walter y aquella lista de pros y contras que escribió en una libreta. Krazy-8, las cortezas del pan de molde y un plato roto; la primera de un rosario de salidas de emergencia.

9. “Phoenix” (2.12.). Como siempre en Breaking Bad, existen atenuantes para la maldad. No olvidemos que Jane (junto con Jesse) estaba chantajeando a Walter. A pesar de lo macabro, conviene revisar una y otra vez la mueca de Bryan Cranston cuando ve a la joven vomitando: su instinto de buena persona se ve corregido en dos segundos por el cálculo heisenbergiano. Asoma Gus Fring, llega Holly y la serie enfila, entonces, una vereda negra. Negrísima.

8. “One Minute” (3.7.). Viendo excelencias posteriores, he atemperado mi entusiasmo por el capítulo en conjunto (que tiene el speech más memorable de Jesse). Pero sus últimos cinco minutos me siguen pareciendo de lo más cardíaco que he contemplado nunca en una pantalla de televisión.

7. “Madrigal” (5.2.). Desde uno de los cold-open más turbadoramente geniales de la serie, “Madrigal” es un capítulo ejemplar en su construcción. Siento debilidad por ese otro héroe cansado, Mike Ehrmantraut, que brilla especialmente en sus encuentros con la edulcorada Lydia. Mike y los niños. Mike y los códigos.

6. “Crawl Space” (4.11). El tramo final de la cuarta temporada supuso un infarto continuo, con un Walter White que subía y bajaba como la espuma. En este episodio se sintió en jaque-mate y hasta el Destino, en forma de Beneke, se alió contra él. Solo Jesse -con quien se acababa de zurrar- ejercía de salvavidas. En esa risa enfermiza -en otra de las escenas más inolvidables de la serie- quedó enterrado lo que quedaba de aquel profesor de Química.

5. “Confessions” (5.11.). La segunda parte de la quinta temporada comenzó sin contemplaciones. Una escalada emocional y un descenso narrativo a tumba abierta. Sin respiro. “Confessions” culminaba tres capítulos espectaculares con una última patada en la boca: la pérfida confesión que graban Walter y Skyler. Además, todo el capítulo establece un fértil diálogo con temporadas anteriores sin que resulte forzado. Orfebrería de guión, western verbal.

4. “Full Measures” (3.13.). En una serie que atesora tanto vapor emocional, resulta lógico que los finales salten por los aires. Gilligan y los suyos trabajaban el concepto de temporada a conciencia. Por eso este capítulo, más que ningún otro, va de la mano del anterior, hasta en el título (“Half Measures”, 3.12.). Pobre Gale. Pobre Jesse.

3. “The Fly” (3.10.). Parece que no hay término medio: o adoras “The Fly” o lo detestas. Esto sí es de lo más radical -formal y narrativamente hablando- que ha hecho la serie. Para paladear con sosiego, atendiendo a cada matiz, a cada sapo que asoma… sin terminar de salir. Toda la complejidad de los protagonistas condensada en 40 minutos y un montón de implícitos metafóricos. Una dolorosa delicia.

2. “Face Off” (4.13.). Otro cierre de temporada que sabe explotar (vaya, qué doble sentido más puñetero, je) con maestría la tensión acumulada. Con una voltereta de ingenio memorable, Walter logra vencer una partida mortífera y desigual. No es más que la premonición de la derrota, como anticipaba la melodía de Norah Jones que suena de cierre: “Algún día castigarán mis hazañas y averiguarán todos los crímenes”. “I won“, clamaba el héroe tras levantarnos de nuestros sillones con sus verónicas. Ay.

1. “Ozymandias” (5.14.). El capítulo más intenso que he visto nunca, tejido a base de una secuencia inolvidable tras otra: la nostalgia de la primera mentira, la desgarradora muerte de Hank, el sádico “Vi a Jane morir”, la pelea familiar en la cocina, esa última llamada con Holly dormida. El clímax de toda la serie. La derrota total de Walter White. Cinco temporadas desembocan en ese salón. Un capítulo cardíaco, cruel, trágico. Un capítulo perfecto.

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Como buena hija de su tiempo, sobre Breaking Bad se ha escrito (y pintado) hasta la saciedad. La inteligencia colectiva ha rastrillado cada plano, cada referencia, cada gesto, cada continuidad. En tiempo real. Aquí ya hemos traído con anterioridad enlaces sugerentes. Para completar, pueden zambullirse en los de Adri en ¡Vaya Tele! o, simplemente, teclear en Google “Buzzfeed Breaking Bad” y peinar los resultados; triunfo seguro. Yo me sigo quedando, para echarme unas risas, con estos “33 misterios sin resolver“; y para llorar a moco tendido con este vídeo de Hank Schrader o este otro de Walter White:

¡Leñe, cuánto les vamos a echar de menos!

Hasta siempre, Mr. White.

20 Comentarios

  1. Cecilia García (@averseries)

    Maravilloso artículo, Alberto. Creo que es muy importante lo que dices sobre los fallos, que olvidaremos bajo el torrente dramático y emotivo de la serie cuando el tiempo pase. Nos gusta (nos encanta) analizar cada plano, cada mirada, cada símbolo, así como encontrar defectos en la narración. Pero cuando una serie, un libro o una película es capaz de arrastrarte como lo ha hecho Breaking Bad, y las sensaciones permanecen en ti de este modo (de verdad que continúo pensando en esta última tanda de episodios y se me encoge el estómago), es cuando podemos decir que estamos ante una obra maestra. Nos ha entretenido, nos ha sacudido, nos ha sorprendido, nos ha emocionado, nos ha llevado hasta el límite, nos ha dado personajes inolvidables y no ha dejado cabos sueltos. Y todo ello desde una premisa bastante cuestionable, como también apuntas. ¿Qué más podemos pedir? Yo sólo puedo decir una cosa a Vince Gilligan y su gran equipo: GRACIAS por un trabajo tan bien hecho. GRACIAS por todo este tiempo de diversión. Y a ti gracias por tu trabajo, que ha sido el perfecto complemento después de cada episodio.

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  2. Chema

    Grandísimo artículo Alberto, gracias por él y por todo este tiempo acompañando a la serie.

    Yo añadiría lo bien que han estado las canciones durante todas las temporadas. Un punto más a favor de esta obra maestra.

    Voy a empezar con The Wire.

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  3. Javier

    Enorme serie. Enorme artículo.

    ¿Querían una serie de personajes? Aquí la tienen.

    Pero, ojo, no sólo personajes de ficción. A mí me ha traído Breaking Bad todo un seguido de verdaderos profesionales y amantes de la ficción televisiva, gente que ha demostrado que los episodios se pueden leer y que tienen una continuación más allá de los títulos de crédito.

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  4. bettercall

    Extraordinario artículo. Coincido contigo Alberto, lo importante no es si es la mejor serie sino los maravillosos momentos que nos ha dado una serie que cierra el circulo de la trama de una forma consecuente

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  5. el cautivo

    Hay algo que me chirría en todo lo que leo de Breaking bad (y que tu afortunadamente esquivas) como es buscar la dicotomía entre Heisenberg y Walter, como si de un Jekill y Hyde se tratasen y uno mutase a otro sin mas conexión entre ellos. ¿cuando walter se transforma en Heisenberg? Es la pregunta frecuente, cuando yo piendo mas que heisenberg esta ahí desde el primer cspitulo , a fin de cuenta solo es el orgullo reprimido de una persona que se sabe mejor que lo que ha sido hasta entonces, y walt esta ahí hasta el ultimo. Su amor a su familia ha sido sincero y verdadero toda la serie, aunque no haya sido el motor de sus actos. La muerte de un familiar, Hank, es una barrera insalvable para Walter por muchas actos maquiavélicos que había hecho antes.
    En vez de buscar fronteras entre las dos personalidades de la misma persona encuentro mas estimulante establecer lazos entre ellas. Por eso Ozymandias es un capitulo tan intenso y, quizás, la mejor interpretación que nunca haya visto en una serie.

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  6. Swaeringen

    Maravilloso y gozoso artículo Alberto. Muchas gracias

    Desde luego que Breaking Bad es una de las mejores series. Está maravillosamente escrita, dirigida e interpretada y como dices creo que, efectivamente, lo mejor es ese carater orgánico, esa evolución de los personajes que metidos en circunstancias excepcionales reaccionan de forma extraordinaria pero no sorprendente.

    Todo Breaking Bad me recuerda a esas maravillosas construcciones a base de fichas de dominó que van cayendo y formando en ocasiones figuras que quedan ahi una vez derrumbado todo el castillo. La primera de esas fichas es el diagnóstico del cancer incurable de Walter o por concretarlo mas, su sentencia de muerte en un tiempo indeterminado pero breve (en otro de esos múltiples detalles recogidos a posteriori el médico le augura a Walt un tiempo máximo de dos años en el piloto y acierta al minuto)

    A partir de esa circunstancia vemos las reacciones de un Walter tras cuya apariencia pusilánime se esconde un verdadero genio que ya estaba ahí; el episodio 3×13 \”full mesures\” se inicia con un flahsback en el que vemos a Walter y Skyler embarazada de Jr visitando la que luego será su casa y en el que se aprecia claramente el genio de Walter, su confianza en si mismo (¿porque vamos a comprar una casa que cambiaremos por otra mejor en un par de años?) y como finalmente la poderosa personalidad de Skyler se impone y domina la de Walter y podemos suponer que ese es uno de los motivos por lo que el inmenso genio de Walter permanece dormido hasta que el diagnostico del cancer ofrece a nuestro heroe la coartada para empezar a seguir sus propios designios. Quizás también la enigmática figura de la madre de Walt, a la que se menciona en el 2×09 \”Four Days out\” tenga algo que ver en el tardío despertar de WW pero este es un tema que solo queda apuntado en este genial episodio y sobre el que no se vuelve.

    A partir de esa primera ficha vemos caer todas las demás. Walter va cogiendo confianza en si mismo y perdiendo los miedos que le tenian atenazado. De qué va atener miedo si lo peor que le puede pasar es la muerte y esa ya esta ahí. Así pues tenemos a un genio, sin miedo a morir y con un objetivo; proveer a su familia.

    Porque yo si creo que este ha sido su objetivo desde el principio y no me parece incompatible con su confesión a Skyler en \”Felina\”. Por supuesto que a medida que va comprobando como su inteligencia y su voluntad se imponen a todo y a todos su orgullo crece. Es lógico y aunque a veces trate de luchar contra ello también es coherente su rebeldía contra quienes persisten en tratarle como a un mindundi. Como cuando el gran Mike insiste en subestimarle en la comparación con Gus, \”Just because you shot Jesse James, don\’t make you Jesse James.\” ¿Como que no? Yo soy mejor incluso que Gus, le he vencido porque soy mejor que él y puedo manejar su imperio mejor de lo que él lo hizo. y Solo cuando Walter demuestra esto tras ganar en pocos meses 100 millones de dolares con un laboratorio y una distribución \”indetectables\”, entonces lo deja, en lo mas alto.

    En lo que no estoy de acuerdo es en lo de la supuesta \”redención\” de Walter en los últimos episodios. Lo que yo he visto en \”Felina\” es la habitual forma de reaccionar de Walter durate toda la serie. De nuevo el \”I won\” final tras resolver una situación imposible gracias a su genio extraordinario y a una determinación titánica que ya le hemos visto en circunstancias parecidas. Walter termina sus dos años de vida consiguiendo su objetivo inicial. Walter muere feliz y yo no veo redención porque estoy convencido de que no hay arrepentimiento, de que Walter no cambiaría de ningún modo lo vivido para terminar sus días en la vida apática y triste que tenia en el inicio de la historia que nos cuenta Breaking Bad. Se lo dice a Skyler, \”estaba realmente…estaba vivo\”

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  7. carlos risu

    ¡El mejor artículo de la historia! Con este post, clásico instantáneo con otros cien clásicos dentro, ya podemos cerrar la edad de oro de los blogs de reseñas sobre series de televisión.

    Y la de los antihéroes, los trolls y los juntalinks. ¡Hale!

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  8. carlos risu

    Y no puedo estar más de acuerdo en la sentencia de que la magia de BB reside en emocionar y entretener. ¡Simple! Ese es el quid de las series de \”TV\” y no otro, por vueltas que quieran darle. BB es POP de altura, deseabas su próximo capítulo como se deseaban, yo qué sé, los discos de los Beatles. Y luego, encima, era MEJOR.

    A partir de ahí cualquiera tiene una lectura emocionada, extensa, crítica, ¡y hasta individual y única! Yo paso de escribirlas, prefiero guardarlas en secreto, jaja, o aprender a usarlas cuando pase el tiempo. Y lo mejor es que hasta te pueden salir joyas literarias si te lo tomas en serio y lees mucho, piensas mucho y le dedicas el tiempo suficiente. Leer este blog ha alargado el entusiasmo, eso es lo valioso. ¡Hasta siempre, Mr. Nahum!

    (Es coña, que sé que en una semana estás ahí dándole al blogging, ja).

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  9. Eli

    Desde que empece Breaking Bad me atrapo. Asi de sencillo. Y mientras la miraba veia en lo que recaia su grandeza tecnica, guionistica y actoral. Todo esta muy pero muy bien. No es una serie perfecta pero siempre quedará entre las más grandes.

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  10. Richard

    Gracias Don Alberto por reseñar Breaking Bad en su mejor temporada yd arnos tantos años con las reseñas por temporada de esta genial serie. Coincido con usted en que el triunvirato de oro son Breaking Bad, The Shield y The Wire (para mí en ese orden) e incluso conincido en su pereza con Los Sopranos, la cual he intentado verla dos veces y simplemente no conecto (parecido me pasó con Boardwalk Empire).

    Para mí, Breaking Bad es una historia que al fin habla sobre la maldad que todos tenemos dentro. Creo que todos tenemos cierto nivel de represión, cierto genio escondido y que es mejor encausarlo por un buen rumbo a dejar que se descarrile. Así, Walt no fue aprovechado por un sistema \”limpio\” y \”oficial\” (Grey Matter), por lo que tuvo que poner su ingenio en favor del crimen. Capitalismo, le dicen. Eso lo profundizo en mi post: http://theinsider24.blogspot.com/2013/09/breaking-bad-todos-somos-heisenberg.html

    Sobre los capítulos, conincido, aunque para mí luego de Ozymandias viene Half Measures y sus innumerables momentos geniales: el opening con \”un día en la vida de Wendy\”, Jesee le para el macho a Gus, el discurso de Mike (oh Mike) y el momento en que Jesee se dirige al paredón y Walt lo salva con el poniac aztek..Run!

    Gracias Breaking Bad!

    Richard

    PD: Y Don alberto, en lo único que no concidiremos nunca es que a mí me parece genial el segundo tramo de la temproada 5a…larga vida al capítulo del tren y a Say My Name!

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  11. Luissss

    Sin duda Breaking Bad es una serie importante, pero creo que aún hay que esperar un poco para catalogarla como se merece. Soy de la opinión de que esta serie tiene más defectos de construcción y dosificación narrativa de los que se han comentado, lo que pasa es que es una serie \”simpática\”, que gusta y cae bien, y por ello defectos evidentes se han pasado por alto. Para entendernos, si si algún recurso \”me lo saco de la manga\” lo hace una serie tipo Lost, a Breaking Bad le habrían caído muchas leches, pero como tiene un aura crítica de altura no ha sido así, supongo que por miedo a no estar en la onda.

    Para mí la serie se domesticó un poco a partir de la cuarta temporada, se volvió muy autoconsciente de lo que el fan esperaba, y perdió algo de la frescura y vitalidad de las primeras temporadas. Pese a todo, a mí estos ocho últimos capítulos me han gustado mucho (pese a los truquitos facilones de guión), y han cerrado de forma lógica, sin necesidad de darle más vueltas de las necesarias a lo ya expuesto en el antepenúltimo y soberbio episodio. Una gran serie, pero también una serie donde los análisis han estado dominados por lo acrítico. Habrá que darle más tiempo para ver dónde se posiciona.

    Sobre las mejores series de la historia, mi top five, aun con muchas lagunas, sería la muy olvidada y brillante The Twilight Zone (1959), The Wire, The Shield, Battlestar Galactica y Deadwood, así a botepronto. Saludos.

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  12. giltrapo

    Amén, Alberto!

    Estoy totalmente de acuerdo en que hay mucha gente que se ha empeñado en analizarla desde un punto de vista demasiado maniqueo, teniendo perfectamente claro qué es \”el bien\” y qué es \”el mal\”, en vez de disfrutar con las deliciosas encrucijadas morales en las que nos sumergían los guionistas una y otra vez.

    Para esta gente Hank es el bueno, y además es poli, y no importa que, por ejemplo, explicite claramente que le importa una mierda la vida de un \”maldito yonki\”, que además le va a ayudar a atrapar a su obsesión particular. En su caso particular, el fin (atrapar a Walter) justifica los medios (que por el camino la palme Jesse).

    Walter, en cambio es el malo, porque fabrica una droga ILEGAL (si esa droga fuese legal, o fabricase cualquier otra droga legal, como por ejemplo tabaco o alguna bebida espirituosa, a lo mejor la cosa cambiaba), y no importa el contexto socio económico y vital en el que está. En este caso, y para él, el fin que persigue, muy loable eso sí, no justifica los medios.

    Yo prefiero quedarme con el exquisito y detallado dibujo de la psique humana que han diseñado los guionistas para cada uno de los personajes que han pululado por la serie. Y me quedo, por supuesto, con ese Walter que nunca consiguió decir la verdad, y toda la verdad, sobre sus auténticas motivaciones. Porque si durante las cinco temporadas se justificó antes Skyler diciendo que todo lo que hacía, lo hacía por la familia, omitiendo otras razones igual de importantes, en la maravillosa escena del capítulo final, en la que se despide y confiesa ante Skyler, tampoco dice toda la verdad. Sí, ok, le dice lo que todos sabíamos ya a esas alturas, y queríamos oír: que le gustaba y que le hacía sentirse vivo. Pero se calló otra verdad mucho más incómoda para Skyler, para no irse de allí descargando un fardo muy pesado de culpa sobre los hombros de su familia: que también lo había hecho por ellos. Porque esa es una realidad, se pongan como se pongan los guardianes de la moral. Y para verlo no hay más que ver los primeros episodios de la serie.

    Así era el Sr. White: un personaje complejo como pocos se han mostrado en TV, y me atrevería a asegurar que en cine. Como bien dices, Alberto, ¡cómo les vamos a echar de menos!

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  13. sara_c_t

    Como disfruto leyéndote, Alberto!! Nada que añadir a la serie, creo que entre lo que dices, y las referencias externas, queda algo por comentar? Me satura tanta información, requiere tiempo que no tengo, pero siempre está bien tenerla ahí para recurrir a ella de vez en cuando.

    Sólo un pero a tu artículo, ¿por qué no mencionas una gran serie como es Boardwalk Empire? Tu mismo hablaste del épico final de la season dos, la tres mejora, y la cuarta me está gustando mucho. Para mi tiene el bronce (tras The Wire y Breaking Bad).

    No dejes de escribir nunca. Ansío cada nuevo post tuyo.

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