, archivado en This is Us

This is us Poster

“Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera” (inicio de Anna Karénina, León Tolstoi)

La familia feliz, como elemento dramático, siempre ha gozado de mala prensa. Tiene su lógica: el conflicto es el motor de la narración y parece que comer perdices anda a la gresca con la necesaria cordillera de agonías y penurias que sí que trae de serie una familia disfuncional, tan querida por la tercera edad dorada de la televisión. El gran logro de This is Us es contracultural: ejercer de gloriosa excepción, como hiciera en su momento con el matrimonio, por ejemplo, una Friday Night Lights.

Porque la sorpresa del año en la NBC (en España por Fox Life) se podría calificar como un drama familiar amable, sin mala leche, sin intentos por subvertir no sé qué institución burguesa ni chorradas así. Al contrario: This is Us reivindica la familia como núcleo emocional, como entorno educativo, como red de soporte cuando las cosas se tuercen y uno necesita una mano en medio del naufragio. Reclama la paternidad, la maternidad y la fraternidad como triada para el crecimiento personal y social.

Y eso es una familia feliz. Porque una de las confusiones más complicadas de desanudar, derivadas del malditismo en el arte y del hipersentimentalismo romántico de la sociedad, es la de que la felicidad equivale a vivir en los mundos de Yupi, comiendo perdices hasta la indigestión. Y no. La felicidad jamás está exenta de dificultades, penas y decepciones. La alegría no implica que no haya que lidiar con la muerte de un ser querido ni que tus hijos vayan a vivir en una burbuja. La peña confunde, ay, felicidad con utopía.

Por eso resultan tan valiosas y refrescantes las andanzas de los Pearson: porque la serie construye su relato desde conflictos cotidianos, sin hurtar la dureza y penalidad de muchos de ellos, pero siempre desde una perspectiva de cariño hacia los personajes, de benevolencia hacia esas criaturas que pelean por lo mismo que todos peleamos. Gente normal, en la que podemos espejarnos.

Y, además, es una serie que, desde el minuto uno, tiene la puerta abierta al perdón, la redención, las segundas oportunidades y los abrazos postreros. Y eso, eso es lo que caracteriza a una familia feliz: la que, a pesar de las adversidades, siempre mira junta en la misma dirección. Ese optimismo antropológico que destila This is Us es clave para su éxito de crítica y público.

Pero de buenas intenciones no vive ya ni la filantropía. Para derribar las barreras de los espectadores más derrotistas son necesarios un guión con cuajo, una estructura atrevida y unos actores con matiz. Con respecto a lo primero, la serie destaca por una escritura de personajes sabrosa, que permite trinchar el tópico para extraerle todo su jugo. Porque sí, This is Us cocina el drama con ingredientes conocidos: el complejo de culpa, la muerte del padre, el alcoholismo, los sueños de juventud rotos, la obesidad, la adopción, la adicción al trabajo, las dificultades para conciliar vida laboral y doméstica, la búsqueda del origen… Pero, en todas esas tramas (*) se rodea el cliché sin pisarlo, jugando con diálogos honestos y situaciones en las que un esguince humorístico (¡qué gran desengrasante es Toby!) o un paralelismo con el pasado insuflan aire nuevo, emoción contenida.

(*) Bueno, en casi todas: la serie también tiene sus resbalones argumentales, sobre todo en su tramo medio, como ejemplifica el baile de parejas de Kevin, la proverbial bonhomía de drogata moralmente inmaculado de William o la puñetera casualidad de recuperar tu carrera de cantante… ¡junto a un amor de juventud! 

pilgrim rick

De hecho, esa estructura que salta del pasado al presente enriquece afectiva y dramáticamente la trama, puesto que el juego entre causas y consecuencias se entrelaza multiplicando su impacto emocional. Gran parte del sensacional sabor de boca que deja el piloto (lo pre-estrenamos aquí) tiene que ver, precisamente, con ese giro que te obliga a releer toda la trama, reubicar las piezas del puzzle y sonreír más hondamente. De hecho, salvo excepciones, ese toma y daca entre el ayer y el hoy es el que hace tan mágicos episodios como “Pilgrim Rick” (1.8.), “I Call Marriage” (1.14.) o “Memphis” (1.16.), el pico emotivo de una fantástica temporada. Como suele ocurrir con estructuras arriesgadas, la virtud puede convertirse también en un problema: no siempre hay historias del presente que funcionen bien con el retrovisor y viceversa. Como pasaba con Lost, por citar el extremo, cuando una estructura se estira demasiado puede dejar sin aire a la trama principal (**) y erigirse en maldición narrativa.

(**) Al igual que no se podía estirar mucho la existencia de William -y el relato lo clausuró de forma hermosa-, la trama del pasado habría quedado estupendamente abrochada si, en la season finale, hubiéramos conocido el cómo y el porqué de la muerte de Jack. El impacto emocional habría resultado soberbio… pero también entiendo que, entonces, la línea argumental del pasado quedaría tocada de muerte (vivan los dobles sentidos) para la segunda temporada y un activo tan importante como Vilo Ventimiglia amortizado. 

La tercera pata del tremendo éxito la soportan los actores. El elenco resulta muy solvente, con la excepción de los niños, más planos en general. Ya he mencionado la extraordinaria fuerza cómica -sin aspavientos, con ternura- de un Chris Sullivan, los Globos de Oro confirmaron la precisión de Mandy Moore y la empatía de Chrissy Metz para encarnar al personaje más apaleado de la serie. Por muy guapos que sean (¡como si fuera un demérito, leches!), me parece que tanto Ventimiglia como Justin Hartley le aportan el empaque necesario a sus personajes, jugando hábilmente, en el caso del segundo, con la “maldición” de su atractivo físico. Pero si tuviera que escoger a uno, apostaría mi herencia a Sterling K. Brown. Su conflicto dramático es el más complejo, puesto que discurre de forma subterránea. Y ahí es donde el inolvidable Christopher Darden de The People vs O.J. Simpson brilla con más potencia: en la acuosidad de una mirada, en un tartamudeo ante el pasado, en un vacile a la mamá con la que se acaba de pelear…

THIS IS US -- "The Trip" Episode 109 -- Pictured: Sterling K. Brown as Randall -- (Photo by: Ron Batzdorff/NBC)

Acompañada siempre con esos acordes de melancolía amable que tanto recuerdan a Nick Drake, This is Us nos regala una estampa familiar, sentida, optimista sin melaza, que nos recuerda por qué unos padres con sus hijos resultan la institución más férrea y fértil de la historia de la humanidad.

Un Comentario

  1. Seriálicos Anónimos

    ¡Qué razón tienes Nahum! Esta serie siempre te deja buen sabor de boca. Plantea muy bien los demonios internos de cada personaje, demonios que, en familia, van desapareciendo. ¡Y vaya pedazo personajes!
    No sé cuándo llegará el momento de despedir a Jack, pero por ahora lo veo un personaje clave… Para algunos esta serie puede parecer algo “ñoña”: sí, sí, muchos demonios pero al final Jack consigue decir “algo bonito”. Esto, para mí, no es ñoñería, es humildad y valentía, es realmente la demostración más profunda de amor. A veces te dejas llevar por los sentimientos, pero el amor real es también racional. Cuando Jack está cabreado, dolido y triste -tanto por la actuación de su mujer con el tema de la gira, como por la suya y por la propia situación a la que les ha llevado- y consigue sacar, de lo profundo de su corazón, palabras de amor hacia su mujer, eso es para quitarse el sombrero: pone a su mujer por delante, a su amor por ella por delante, al amor que les une por delante, a amor a su familia por delante, siempre por delante de sus sentimientos. Joe, es normal explotar alguna vez y caer en las debilidades humanas, pero levantes y ser capaz de racionalizar el amor es de lo que marca la diferencia. Amar es saber que aunque se estén viviendo momentos complicados y las fuerzas no acompañen, estas son situaciones pasajeras, lo permanente es ese amor y la creencia de que nunca desaparece sino que se incrementa a diario con cada bache superado, con cada paso andado juntos, siempre juntos. Por que, a mi modo de ver, amar es querer querer y la confianza y fortaleza de este tipo de AMOR es indestructible.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *