, archivado en The Americans

Soberbia, soberbia. Emocionante, intensa, inteligente, atrevida y poliédrica, The Americans -partiendo de un piloto sensacional– se ha marcado la mejor temporada de debut desde que escribo este blog. La mejor. Se dice pronto, pero hace falta un punto y aparte para procesar semejante hazaña y conjurar el “complejo Eiffel“.

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Porque desde enero de 2009 han aterrizado leyendas como Juego de tronos, The Good Wife, Homeland o la malograda Terriers. El drama de espionaje de FX supera aquellas primeras entregas. Esto no implica endiosar The Americans ya, puesto que el Olimpo seriéfilo, como sabemos, necesita de cuatro o cinco ochomiles para codearse en la sala VIP. Torres más altas han caído: Damages, Prison Break o Heroes pronto enseñaron talón, tras unos inicios homéricos y mandibulares.

Estas tiritas preventivas son, en el fondo, para embridar mi entusiasmo ante una serie que me ha atrapado como pocas. Ya lo decía al reseñar Justified: esa ansiedad infantil por cada nuevo capítulo, por conocer más esquirlas de este matrimonio de espías en tierra hostil, de esos idealistas que batallan una guerra que les sabemos perdida.

Ahí yace el primer bofetón de The Americans, el que le insufla un aleteo trágico a toda la historia: nos hace apostar por los soviéticos, que no solo perdieron la Guerra Fría, sino que además no tenían la causa de la libertad de su lado. Precisamente ahí es donde los guionistas han sido tan astutos como valerosos. En primer lugar, por negarse a pintar un mundo maniqueo, propagandístico, donde el comfort del presente proyecta una visión simplista del pasado (como, por ejemplo, ha ocurrido en tantas relecturas españolas, para que nos entendamos).

No. Empatizamos con los protagonistas soviéticos sabiendo que, como cualquier espía en este mundo, son unos hijos de perra que cabalgan la mentira como forma de vida (*). Pero, ay, también son personas. Como Stan, como Granny, como los sabuesos del FBI o las mataharis de la Rezidentura. ¿Dónde acaba la simulación de los sentimientos y dónde empieza la verdad? ¿Cuándo termina el “Deber” y asoma el “Hombre”? He ahí el quid del conflicto de The Americans. Es un pacto de lectura atrevido porque trata al espectador como adulto, como tipo capaz de superar sus filias y fobias ideológicas para sumergirse en una historia ambientada al filo de la navaja, en un escenario político extremo, durante una guerra donde, como todas las guerras, “se derrama sangre; así es como funciona” (1.10.) (**).

(*) Necesitas intérpretes muy solventes -con capacidad para variar de registro en un chasquido- para encarnar estos papeles, puesto que los espías ejercen, ellos mismos, de pérfidos actores. ¿Recuerdan el espectacular cambio en el rostro de Phillip Jennings cuando se da cuenta de que sus secuestradores saben que es un agente soviético? Más allá de esas máscaras internas de la trama, los momentos más sutiles de la serie llegan cuando el espectador deduce que uno de los personajes miente con la mirada para engañar a otros: Stan negando la muerte de Vlad, Nina seduciendo a Stan para ganarlo para su nueva causa, Elizabeth con su hija, Clark con Martha

(**) Uno de mis miedos con una premisa así de potente era que el relato edulcorara la moralidad de los espías. Al fin y al cabo, Philip y Elizabeth también se nos muestran como padres de familia. En muchas ocasiones (por ejemplo, con el hijo de la sirvienta negra en el segundo capítulo), aceptamos que no haya más muertes para evitar levantar sospechas. Lógico. Sin embargo, la serie demostró su gallardía cuando Elizabeth liquidó a sangre fría a un pobre guarda cuyo delito era haber aparecido por allí (1.4.). “Así es como funciona”, en efecto.

Lo más sorprendente es que la Guerra Fría no es lo esencial de The Americans. Es tan solo el paisaje. Estamos ante una serie de espías, sí, pero sobre todo ante un drama familiar. Y la mejor virtud de Joseph Weisberg es conjugar de manera fascinante las esferas profesional y afectiva de sus criaturas. ¡Es que ese conflicto está desde la propia premisa!

the_americans_finale(Espoilers a partir de aquí)

Y, sin ser lo esencial, las peripecias de cada capítulo funcionan de vicio. Están bien integradas con los sucesos históricos (claps, claps al episodio del atentado contra Reagan), hacen avanzar todas las subtramas familiares (el último capítulo resulta ejemplar sobre cómo lidiar con el “problema” de los niños), aportan nuevos ángulos sobre los personajes (Stan Beeman y, oh, Vlad) y mantienen las dosis adecuadas de tensión y sorpresa. Así, la serie maneja con desparpajo una apuesta muy arriesgada desde el punto de vista narrativo: los espectadores siempre vamos por delante de los personajes, puesto que tenemos acceso a los movimientos tanto del FBI como de la KGB. No solo eso: sabemos qué pasó en los ochenta, conocemos la Historia. Son dos condicionantes que dificultan la sorpresa y restringen el campo de juego. ¿Qué han hecho los creadores para contrarrestar esas limitaciones? Abrazarlas abiertamente y poner aún más énfasis en la ignorancia de los protagonistas, en la paranoia constante de ambas instituciones, en los callejones sin salida de tantas escaramuzas. En definitiva, en cuanto a intriga se refiere, The Americans apuesta por el cómo antes que por el qué.

Eso permite tener más tiempo para explorar los dilemas internos de los personajes. Gentes que se mueven en un constante juego de espejos: USAURSS, FBI-KGB, las zozobras maritales de Stan y Phillip, las mentiras de StanNina/’Clark’Martha, las muertes de Vlad y Amador, los liderazgos oscuros de Gaad y Granny… Toda la trama está repleta de situaciones que se replican, transmitiendo el mensaje de que por debajo de las maniobras, traiciones y tejemanejes, hay una misma ambigüedad moral y política. Por eso es tan habitual que muchas conversaciones de los personajes se puedan leer en doble sentido: por ejemplo, todo lo ocurrido en la falsa boda de Clark/Phillip resuena sin cesar en el “matrimonio” Jennings, hasta que ambos afrontan una trascendental conversación sobre el sentido del compromiso (1.12.) (***).

(***) En este sentido, aunque sea de rondón, la serie desliza una defensa del matrimonio como institución, una institución socialmente basada en el acuerdo público y la crianza de la descendencia. No es casualidad que en varias ocasiones de la trama se nos muestre la fortaleza de sus compromisos ideológicos con la madre Rusia, otro espejo más desplegado durante el relato. La firma del compromiso imprime carácter y “un juramento es tanto una declaración sobre el presente como una promesa para el futuro” (1.12.). Elizabeth: “Ya sé que son solo palabras que dice la gente. Pero, ¿crees que las cosas entre nosotros habrían sido diferentes si las hubiéramos pronunciado?”

La efectividad de ese penúltimo capítulo (¡qué crueldad para con la pobre e ingenua Martha!) multiplica el efecto emocional de la season finale. Tras recordar, en una escena muy bella, los costes de su compromiso político (la madre que dejó atrás y que nunca volverá a ver), le pide a Phillip que regrese a casa y lo hace en ruso, la lengua de la autenticidad, de su verdadero yo, la misma que emplea para escuchar el casette (****).

(****) Una de las críticas ha sido la de abusar de las idas y venidas del matrimonio. No estoy de acuerdo. Si asumimos que su verdadera conexión emocional nace tras lo ocurrido en el piloto [algo de lo que me convencieron los lectores del blog, por cierto], no son tan descabelladas las idas y venidas; hay mucho pasado que digerir (Gregory) y mucha convivencia que aprender, que el matrimonio mola un huevo… ¡pero no es un cuento de hadas! En todo caso, toda la segunda mitad de temporada ha sido coherente con la ruptura, hasta que lo extremo de los sucesos del último capítulo cataliza la reconciliación. No me chirría.

The Americans Facebook 2

Más allá de la vertiente amorosa, lo que más valoro de la season finale es su previsibilidad. Sí, como lo oyen. El gran problema (y por ahí el descarrilamiento de Homeland, por ejemplo) de una historia que se asienta sobre la mentira, las apariencias y las dobles vidas es, precisamente, la tentación de sacar un conejo de la chistera. El doble agente. O triple. Es un miedo que también he temido, por ejemplo con el personaje de Nina. No. The Americans repartió los naipes al inicio y ha jugado con la misma baraja toda la temporada, sin ases en la manga, ni grandes revelaciones que obliguen a releer todo el relato.  Aunque no lo parezca, eso es para aplaudir. La season finale ha resultado menos pirotécnica, muy sobria; a cambio, la historia ha permanecido fiel a sí misma y a su solidez de equipo germano. Incluso el paseo de la hija por el sótano fue tratado con la misma elegancia que el resto de la trama: una semilla de sospecha que empieza a emerger, pero ningún boom inesperado que nos deje ahora con la boca abierta… y dentro de diez meses con cara de decepción. Hace falta valor -y mucha confianza en la propia historia- para renunciar al sensacionalismo del cliffhanger.

Tras trece capítulos, la historia ha avanzado una barbaridad sin resultar forzada ni hacerse trampas. Ningún personaje evoluciona por capricho, sino que se van alimentando y entrelazando los múltiples dilemas (amorosos, familiares, institucionales, profesionales, políticos y morales, ¡nada menos!) en una colmena cada vez más compleja. Un enjambre, además, sin miedo para ir sacrificando abejas exploradoras (Gregory, Amador), lo que siempre catapulta el dramatismo. Solo recuerdo una línea argumental realmente floja (la de los niños y el pederasta en el 1.6.) y un capítulo volátil: en el 1.11. no termina de cuajar el carrusel emocional de Elizabeth, incapaz de asesinar al culpable de la muerte de Zhukov(*****). Ella, que siempre ha llevado los pantalones en el trabajo y ha apilado cadáveres con una frialdad siberiana…

(*****) La clausura de esta subtrama, al menos, sirve para colorear un secundario que ha resultado redondo. La espeluznante venganza de la ‘abuelita’ Claudia (impresionante Margo Martindale) al darle tiempo al moribundo para que contemple cómo se desangra, es tan turbadora que podía haberla firmado un Haneke. Pero más seductor aún es la cerrada defensa profesional que hace de sus chicos (tras la de bofetadas que se han pegado). Aristas de complejidad para un personaje que quizá no vuelva

Tras trece capítulos, The Americans ha demostrado una solvencia inusual para una ópera prima. Su avispero de conflictos a todos los niveles y la seguridad que destila la historia permiten el optimismo de estos juegos sin fronteras. Pocas veces una historia había sabido mezclar tan sagazmente la dimensión amorosa, familiar, profesional y política. Por eso no extraña que hasta el gran Chesterton escribiera sobre The Americans hace un siglo: “Cuando defendemos a la familia; cuando mantenemos la tesis del matrimonio, no queremos decir que se trate siempre de un matrimonio feliz. Queremos decir que es el teatro del drama espiritual, el lugar donde ocurren las cosas, y sobre todo las más importantes. (…) Y el motivo de que la familia tenga este carácter central y crucial es el mismo que hace que en política sea el único sostén de la libertad. La familia es la prueba de la libertad, porque la familia es lo único que el hombre construye por sí mismo y para sí mismo. Otras instituciones, tanto despóticas como democráticas, están hechas en gran parte por extraños”. Esa es la historia de The Americans: una familia de extraños… que tiene que convertirse, simplemente, en una familia.

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18 Comentarios

  1. Seriálicos Anónimos

    ¡Brillante The Americans! Nahum, gracias por tu análisis, me hace saborear más la serie, ¡gran crítica! Acaba de terminar y ya estoy con ganas de la próxima temporada: esto es lo que -coincidiendo contigo- le otorga tantos honores a esta matrícula.

    S.A.

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  2. Regla Carmona

    Por supuesto, nada que añadir al magnífico comentario y análisis de la serie. SPOILER: Solo quería comentar (como madre que soy) el rasgo de humor negro que me parece que dejen a los niños a cargo del agente del FBI, al que le han fastidiado toda la operación y que es el responsable de la herida de Elizabeth. También que Philiph les haga una oferta para el viaje de reconciliación de Stan y su mujer. Esa pareja todavía tiene mucho que decir. Igual que la situación de Martha, si se descubre a la pareja infiltrada, supongo que ella tendría muy difícil demostrar que no sabía nada.
    Serie muy entretenida, los episodios se me pasan en un suspiro y de la que por desgracia oígo poco. Menos mal que la han renovado.

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  3. Abril

    Regla Carmona yo también tengo unas ganas de que el matrimonio de Stan y Sandra explote! Ella lo hizo en el penúltimo pero ahí hay mucha tela que cortar aún. Qué ganas de que cuenten lo que le pasó a Stan en un infiltraje con los supremacistas me da que este se vino con algún trauma o algo de eso…
    Pues muy emocionante la Finale!! Ojalá Granny no se vaya o pueda volver me parece un personajazo Enorme!!! Ay Martha Martha cuando sepa toda la verdad la puede liar muy grande, pero también puede pasarse al enemigo. Dos FBI en el KGB? Traspasará Stan esa línea!!!
    Pues yo me esperaba el Cliffhanger y cuando he visto la ropa he aplaudido!!

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  4. Granadino

    Season finale realmente espectacular. Una primera temporada al rojo vivo.
    Cada capítulo ha sido una auténtica lección de tensión y emoción, y como bien dices, qué mérito tiene que el decorado sea una historia de la que ya sabemos el desenlace y aún así nos haga cuestionarnos quién ganó la guerra fría.

    Una sugerencia: \”Longmire\” (Rayland Givens con arrugas).

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  5. jose

    Totalmente de acuerdo, Alberto. Sin duda, el estreno del año. Eso sí, las escenas del tráiler que aparecen sobre el 0:37 en qué capítulos salen??

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  6. Jesús Baiget Pons

    Sin duda el estreno del año. Hay muchos puntos fuertes, pero yo me quedo con el reparto. ¡Qué nivel de actores! A ver si la gran Margo Martindale sigue…

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  7. Maxi

    Gran serie, ahora: ¿era necesario que Stan fuera su vecino? es el único truco de guión que me repateo al principio. Aún entrando en el juego de la casualidad de que un agente de contrainteligencia se mude casa con casa con unos superinfiltrados del KGB, con los millones que han costado (y los años de entrenamiento y acomodo) no creéis que hubieran durado 5 días en esa casa hasta que los rusos los cambiarán de barrio? es lo más lógico, vamos.

    De todas formas hay que dejarle que hagan alguna trampa, que todo lo demás de momento lo están clavando con el 1.12 como punto álgido de la temporada.

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  8. Antonio Rodilla

    De la misma manera, Maxi, se puede argumentar que la mejor forma de que no sospechen de uno es siendo el vecino y trazando lazos de confianza. No digamos ya si son familia, como en Breaking Bad.

    Gracias Alberto por tu análisis, es magnífico y coincido contigo: es lo mejor del año, aunque pongo a la misma altura House of Cards, no sé si la estás viendo, supongo que sí. Lo digo porque no has escrito nada sobre ella, ¿no? He acabado la primera temporada esta noche y me ha parecido también de Matrícula de Honor.

    Un abrazo.

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  9. Arturo

    El estreno de la temporada sin lugar a dudas. Como combina la acción desmesurada -las peleas a cuchillo, los guantazos que pega Elisabeth, los asesinatos a sangre fría que comenten los dos bandos, etc- con unos personajes creíbles y nada esquemáticos. Es tan interesante la parte del espionaje como las tribulaciones familiares.
    Y si se lo trabajan bien los guionistas, sabiendo como acaba la historia, tienen una cantidad de finales para elegir todos extraordinarios. Habrá que estar atentos.
    Y qué grande es Margot Martindale.
    Felcidades por el análisis, tan certero como siempre.

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  10. Xavi

    Alberto, echo de menos que hables de la música. A mi me parece que el responsable del apartado sonoro de esta serie se merece un aplauso. Tienen muy buen gusto. Por todo lo demás, estoy completamente de acuerdo con tu análisis. 🙂

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