“Te tienes que alejar de mí. Te tienes que alejar de mí, tío”. En el penúltimo episodio de la desconcertante y notable primera temporada de Beef, un desarmado Danny confiesa a su hermano la toxicidad emocional –tan (auto)destructiva– que irradia. Es la culpa pidiendo auxilio y expiación tras horas de metraje y años de vida huyendo frenéticamente hacia adelante… para darse cuenta, a la postre, de que lo único que ha logrado es cavar la tierra bajo sus propios pies. Porque esa metáfora de la pala que sabotea a uno mismo encapsula el aliento moral y dramático de la primera temporada de Bronca (Beef en original, tiene ese matiz de “cuentas pendientes”), una de las últimas series de la churrería Netflix que logró concitar el aplauso crítico, allá por 2023. Tanto Danny Cho (un sensacional, matizado en su agonía interna, Steven Yeun) como Amy Lau (qué frescura en el cambio de registro de Ali Wong) la toman contra el mundo para evitar enfrentarse a sus demonios interiores. Y así les va.
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