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Vivir en poblaciones pequeñas tiene muchos beneficios, pero también inconvenientes, claro. Puedes volver a casa cada día a comer con los niños pero, a cambio, atravesar el charco desde una ciudad de provincias (Pamplona) hasta otra (East Lansing) se convierte en una maratón: taxi a la estación, bus hasta Bilbao, avión con escala en París, lanzadera en Detroit, Blablacar…

En este caso la carrera de obstáculos merecía mucho la pena. En Michigan State University (un campus precioso, como puse en Instagram, con tantas ardillas cerca de los humanos que no paraba de venirme a la mente aquel episodio de Rick y Morty) se reunían académicos tanto del ámbito de las Humanidades como de las Ciencias Sociales. Es decir, peña que provenía de estudios más analíticos como la Estética o los Screen Studies, junto a otros que traían estadística y experimentos en la mochila (Psicología de los Medios). Todo ello para explorar un tema apasionante, muchas veces pasado por alto: la relación moral (¡que no moralista!) que los espectadores establecen con las ficciones que consumen. Aquí el programa de este congreso sobre “Media & Morality”.

Puestos a elegir, yo prefiero los congresos académicos pequeños por dos razones: una intelectual y otra emocional. Por un lado, se genera una única conversación colectiva, por lo que las referencias y alusiones sirven para enriquecer un debate que es acumulativo, longitudinal. Por otro, cuando el grupo de asistentes es manejable, te permite ir tejiendo relaciones más personales entre comidas y cafés. Y en muchas ocasiones los proyectos de investigación se facilitan si el factor humano hace “clic”. Es un privilegio conocer con calma las perspectivas unievfrsitarias de un puñado de doctorandos o echar cervezas con el divertido Art Raney (nombre clave en la Media Psychology), con Carl R. Plantinga (uno de los académicos más sólidos en la actualidad: lean su Screen Stories: Emotion and the Ethics of Engagement) o con Murray Smith (autor del clásico de la filosofía del cine Engaging Characters: Fiction, Emotion, and the Cinema, que acaba de actualizarse con una segunda edición).

¿Yo que pintaba ahí? Pues me fui a contarles cómo Antidisturbios (Riot Police en inglés), la excelente serie de Movistar Plus, trabaja la ambigüedad moral como vitamina dramática, e intentaba aventurar cómo un mismo producto podía levantar indignaciones en ambos extremos del espectro político-ideológico. Como siempre, las diapositivas están accesibles en mi academia.edu o en mi Researchgate. Además, la organización grabó todas las ponencias, por lo que los más cafeteros pueden verla acá. El sonido no es el ideal.

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