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Undone 3

No es habitual encontrar historias donde forma y fondo converjan de forma tan audaz. Tan perfecta. Undone es televisivamente insólita: emplea la animación rotoscópica -esa que se “pinta” sobre imágenes grabadas con actores- para enhebrar un relato onírico, una fantasía costumbrista sobre la pérdida, la infancia, el dolor y la culpa. Asuntos serios, que podían haberse narrado con la plastosa intensidad de un poeta maldito, y que en Undone adquieren una textura de fábula, de drama pop y deslenguado.

La apuesta por la animación resulta clave para desgrasar la solemnidad de los temas de fondo que aborda Undone, la última delicia de un Amazon Prime cada vez más sugerente. El dibujo genera una distancia emocional y estética que nos incita a pensar que estamos habitando un sueño. El de Alma, la protagonista, una joven mujer ingeniosa y atractiva. Pero, también una narcisista -prototipo de urbanita comprometida- que embosca su tristeza vital tras un antifaz de cinismo y mala leche; la famosa honestidad brutal de quienes confunden la valentía ante la injusticia con el coñazo inquisitorial permanente de los ofendiditos. La perspicaz crítica de Gretchen Smail lo expone con rotundidad: Undone recoge a la perfección el malestar millenial, ese que nace de peña acomodada que, al depositar todas sus energías en un combate perpetuo y airado contra el privilegiado mundo que habitan, descuidan lo más importante… y acaban navegando un vacío existencial.

No hay duda de que la vida no ha sido especialmente generosa con Alma: se quedó sorda de niña y huérfana de padre durante una noche de Halloween. Sin embargo, en lugar de pelear se ha abandonado a la autocompasión: “¡Estoy tan aburrida de vivir!” es la frase con la que nos da la bienvenida al relato. El detonante de la historia es un brutal accidente de coche, que dispara la ambigüedad (¿epistemológica? ¿psiquiátrica?) que sobrevuela Undone: ya desde la cama del hospital Alma no sabe si se ha vuelto esquizofrénica o de verdad puede hablar con su padre y viajar en el tiempo.

Esta liminalidad –entre la vida y la muerte, entre la realidad y el sueño, entre la cordura y la locura– es la que la particularísima apuesta estética de Undone multiplica por diez. Son dibujos con forma muy humana, siluetas a las que el color les sienta tan bien, personajes que cobran vida de forma extraña. Y, sin embargo, no hay “uncanny valley“, sino una frescura y una cercanía que nos anclan al drama metafísico de Alma y su entorno. La magnífica, poliédrica, interpretación de Rosa Salazar se revela clave para lograr esta naturalidad, pero también el guión de Kate Purdy y Raphael Bob-Waksberg (*) -a pesar de todos los defectos de sus criaturas, siempre las tratan con cariño- hace rebosar de autenticidad a los personajes.

(*) Bob-Waksberg es el creador de la aclamada Bojack Horseman. Aunque aún no he escrito de ella, es una serie mucho más profunda de lo que parece a primera vista, con su disparatado antropomorfismo y su sátira de la celebridad. El mayor punto de encuentro con Undone -aparta, obviamente, de la animación- es la mente enferma: Bojack padece una depresión de caballo, valga la redundancia, y Bob-Waksberg escruta todas las aristas de la dolencia: la abulia implacable, la rabia reprimida o el punzante vacío tras los intentos por acallar el dolor con excesos físicos. Undone, digamos, sube un peldaño clínico.

Undone

Más allá de cómo la animación rotoscópica potencia la batalla dramática de Alma y cómo la percibimos los espectadores  -una batalla a ratos angustiosa, a ratos fascinante-, la opción estética elegida se antoja ideal para reflejar una psique herida. O enferma. O ambas cosas. Hay escenarios que se desvanecen, reubicaciones espaciales atrevidas, escenas que deconstruyen su temporalidad de manera obsesiva… Undone es una propuesta que hace constantemente trizas el espacio y el tiempo, y esa flexibilidad solo la permite la animación.

Por todo esto, Undone reclama un espectador activo, dispuesto a pelear para articular el sentido de cada escena sin caer en el embrujo esteticista, por hacerse cargo de la confusión existencial y psicológica de Alma. La serie exige un esfuerzo cognitivo alto, pero a cambio premia a la audiencia con una historia original, descarada, visualmente apabullante, que te va envolviendo suavemente durante los primeros veinte minutos… y ya no te suelta hasta su octavo y último episodio. Tiene muchos puntos adictivos. En primer lugar, hay una intriga sabrosa, que entrelaza memoria, culpa y misterio. El pasado va abriendo escotillas emocionales en las que la respiración resulta cada vez más difícil. Y el ansia de poder volver a respirar a pleno pulmón espolea el relato hasta ese ¿esperanzador?(**) último plano.

(**) Espoilers del final aquí. Intuyo que para no cerrar la posibilidad de una segunda temporada -algo que tiene muchas probabilidades de arruinar la grandeza de esta temporada al estirar la premisa-, los creadores optan por un final abierto. En la bellísima secuencia final, Alma y Becca “esperan” a su padre y dialogan sobre viajes astrales, recuerdos, pastillas y vida. En el último plano emerge súbitamente la luz y una sonrisa se dibuja en el rostro de Alma. Si es verdad que su padre ha regresado, no está loca; por el contrario, el hecho de que haya aparecido cuando ya no está Becca sugiere que es un nuevo producto de su imaginación esquizoide. En el segundo caso hay una pregunta inquietante: ¿cómo alcanza Alma a desvelar detalles tan íntimos del pasado de su madre y su padre? Por todo esto, el final abierto es, en todo caso, coherente con la emocionante ambigüedad de Undone.

No obstante, aunque el enigma tenga su punto, lo que de verdad convierte a Undone en una propuesta tan sólida es la profundidad de los personajes. Todos los seres que pululan por la serie son, básicamente, peña abonada a escoger el camino equivocado… para huir del dolor. Como en la animación rotoscópica, como en la percepción sobrenatural de Alma, la realidad aparente siempre viene con varias capas de maquillaje. El relato lo que hace es pasar el paño una y otra vez, una y otra vez. De ahí la apasionante fluidez narratológica de Undone. Regresamos cíclicamente a los mismos momentos, examinándolos, con Alma y su padre, desde un ángulo nuevo, o enriqueciéndolos al drenar el pus que infectaba tal o cual recuerdo. El flashback como herramienta terapéutica.

Así, Undone se erige en la última punta de lanza de una tendencia de los últimos dos años: series que exploran el trauma y el duelo desde una perspectiva desenfadada, tragicómica. Ahí está Russian Doll, con la que comparte complejidad estructural y reiteración narrativa, la popular y refrescante Fleabag, la redentora y misántropa After Life, Sorry for your Loss (Facebook también hace series) o Dead to Me. En todas ellas late una fuerza superior: la necesidad de sentido.

Contemplando la belleza del paisaje, esperando un imposible, Alma insiste: “¿No quieres que haya algo más? ¿No crees que tiene que haber algo más?”. Becca enumera las delicias a su alrededor y concluye: “La vida real es también bastante impresionante”. Undone también se afana por encontrar un sentido. Porque hacer las paces con el pasado es la mejor forma de hacerlas con el futuro. Con la muerte. Porque, como iluminó Malraux, “la muerte sólo tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida”.

Un Comentario

  1. Flames

    Pues yo estoy muy interesado en los viajes en el tiempo, pero de esos que uno puede hacer a partir de la memoria y la redención de la culpa. Justo de lo que trata UNDONE. Por eso vi la serie con gran interés.

    Pero a medida que avanzaba y se acercaba al final percibía que me estaban mareando y que aquello no avanzaba. Y me desilusionó el final porque creí que iba a ser una serie con final cerrado. Ahora a esperar a la segunda temporada y a poder ver si los creadores nos llevan a algún sitio o sólo nos van a marear con sugestivas imágenes y alguna buena idea suelta.

    Mientras leía tu artículo me acordaba de MUÑECA RUSA….. que citas en los últimos párrafos. Esta serie me gustó mucho más y me dejó con una sonrisa al final. Su estética era un poco desagradable, pero muy real. Y su tratamiento de las vivencias repetidas del tiempo me pareció que mostraba grandes hallazgos muy sugerentes y originales.

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