, archivado en Rectify

Habito un país triste donde los asesinos son recibidos como héroes y las víctimas bajan la mirada. Por eso, aunque parezca a desmano, tenía especial interés en la premisa de Rectify, la excepcional serie de Sundance Channel: un condenado abandona el corredor de la muerte para regresar a su pequeña ciudad, veinte años después. Pienso con pesadumbre en el norte de España, donde vivo, y sé que aquí hay muchas historias de regreso por contar. Aún falta una crucial y muy necesaria: la del etarra que retorna con vergüenza, carcomido por la culpa, consciente de todo el dolor causado. Quizá un Aramburu o un González-Sáinz -o un Urbizu– se animen con ese parabellum atormentado. Porque esa geografía moral es la que transita Rectify: las heridas sin cicatrizar, la conciencia del propio mal, el extrañamiento de la vuelta y, sobre todo, la asfixia del pecado y la culpa.

rec_23-daniel-cell_3233_FIN02_SM_featured(Fuente: Sundance Channel España)

A la espera de saber cómo concluye la morosa House of Cards, la cautivadora Rectify se ha unido a The Americans en el podio de debutantes. La recomiendo sin pestañear, desde una primera escena construida en torno a una corbata y un refresco de Coca-Cola. ¡Rectify es sencillamente excelente, con momentos inolvidables donde cuesta tragar de la emoción! Rodada con elegancia y buen gusto. Eso sí, no es plato para todos los paladares: supone un producto difícil, no fácil de ver, intenso y anticlimático, que encuentra un raro equilibrio entre intimismo y reflexión, sin caer ni en la sensiblería ni en el moralismo de pancarta.

Porque ésa es una de las cojeras clásicas del género carcelario: todo el mundo es bueno, salvo algún alcaide psicópata y sus secuaces de uniforme. No digo que la cárcel no pueda ser un espacio de redención, Dufresne, pero sobre todo debe ser un espacio de prevención y retribución. De ahí que me sorprenda que, en muchas ocasiones, los relatos sobre peña que pisa el trullo pasen de puntillas sobre las causas -¡las víctimas!- que los condujeron allí. Esto no ocurre en Rectify, un relato que constantemente apela a un personaje en fuera de campo narrativo, una presencia espectral y doliente: la de la joven muchacha a la que violaron y asesinaron. David acierta con su título en ¡Vaya Tele!: “el mundo del futuro a la sombra del pasado”. Un pasado que persigue a los personajes y un crimen que ha partido la noción de comunidad. Es lo primero que me apasiona de Rectify: no huye de la grisura moral, por muchas simpatías que ostente hacia su protagonista, su causa y su familia.

La segunda golosina es visual. Daniel Holden es una especie de zombie que vuelve en vida, un tipo capaz de solazarse con las plumas de una almohada o con la sencillez inabarcable de un paisaje al atardecer. Esta preciosa escena nada más salir a la cancha, con melodía de Bon Iver,  evoca una lancinante melancolía:

Y, al mismo tiempo, Daniel es una persona incapaz de cogerle el pulso a un mundo que camina dos décadas más rápido que cuando él lo abandonó. Los mejores momentos de Rectify -algunos de una emoción tan sutil como poderosa- bailan al son de una mirada perdida, de la frialdad de un abrazo, de un silencio prolongado, de la contemplación de un horizonte o, incluso, de un raro sueño contra sí mismo.

No conocía el trabajo de Aden Young, pero su interpretación de Daniel -a caballo entre la empatía asperger, el fuego de la culpa y la ingenuidad infantil- es de las más conmovedoras de los últimos años. Y no es el único que brilla. Su corajuda hermana (Abigail Spencer) o esa especie de ángel sureño que es la cuñada (Adelaide Clemens) multiplican el alcance emotivo de Rectify al hacerla tan humana como sus criaturas. Con tanto nivel actoral, no debe de ser casualidad que en el guión y la dirección pulule un actor de método, Ray McKinnon, un hipnótico secundario que muchos recordarán de Deadwood o Sons of Anarchy.

http://www.youtube.com/watch?v=SVHG2UEk3Hw

Tawney: “¿Qué era real para ti, Daniel?”

Daniel: “El tiempo que pasaba entre cada segundo”

Si Top of the Lake -la primera apuesta Sundance– reventaba por las costuras, Rectify capta a la perfección el aroma del cine independiente y establece una sólida imagen de marca. Ojalá cunda. Cosiendo forma y fondo, Rectify es una historia que se afana en dejar respirar las escenas, que trabaja la elipsis visual y narrativa, que mima la banda sonora y se regodea en un ritmo parsimonioso que aspira a escuchar los segundos, no aconsejable para culos de cliffhanger.

(La trama no es lo relevante de la serie, pero en todo caso aviso que hay espoilers en este párrafo y el siguiente) Por eso resulta un acierto de guión el convertir la inocencia de Daniel en una subtrama, como apunta Poniewozik. Nos importa el cómo, la atmósfera, las sensaciones de un microcosmos antes que el misterio del asesinato. Las consecuencias, no tanto las causas. Daniel en todo momento se nos presenta como una buena persona, pero es indudable que carga con una losa de culpabilidad que le atenaza. En esta línea, está muy bien traído el título del último episodio: “La escalera de Jacob“, ese pasaje bíblico por donde los ángeles subían y bajaban. Esa fina línea. Esa escalera entre el cielo y el infierno (*). Entre el Bien y el Mal. Ese Daniel que decide abandonar el pueblo y no puede. ¿O no quiere? Aunque algo forzada desde el punto de vista del guión, la paliza del cierre casa con ese intento de Daniel por reparar el daño causado; él, de alguna manera, pide más castigo al tiempo que sabe de su inocencia. Esa ambigua complejidad psicológica es la que hace tan magnético a su personaje.

(*) El quinto capítulo termina con una escena horripilante que esconde cierta trampa. Recuerdo casi gritar a la tele: “¡¡No, no, no puede ser que lo haya matado!!”. Por suerte, la coherencia dramática se mantuvo y Daniel solo quería darle una lección práctica a su hermanastro, un personaje más sugerente de lo que parece. Es lógico que Ted Jr. no tenga la lealtad que sí tiene su padre; es razonable que dude de la inocencia de Daniel. Por eso resulta muy sabroso la especie de triángulo dramático que se establece entre Tawney, Daniel y él. ¿Qué hace tan interesante a este yuppie de provincias con hechuras de villano? Que es una buena persona.

El relato juega astutamente con el enigma, pese a no ser la espina dorsal de la historia. La grabación del juicio con la que comienza ese último capítulo parece apuntar que sí, que Daniel es culpable de algún modo. Sin embargo, la despedida de su entrañable compañero de celda -un momento donde es difícil contener las lágrimas- apunta hacia su inocencia (**). A eso hay que sumarle esos dos viscosos amigos que tanto temen la vuelta de Daniel; no en vano, uno se suicida en la clausura del piloto. Habrá que ver cómo sangran esas espinas en la segunda temporada.

(**) En general, las escenas de la prisión están resueltas con una solvencia extraordinaria. Hasta con cierto humor, nos permiten entrever la versión beta de ese hombre. Con muy poco metraje, Ray Mckinnon es capaz de dibujar un par de secundarios y, sobre todo, de lograr transmitir la fraternal complicidad entre Daniel y Kerwin. Se van tejiendo suavemente unos afectos que culminan con la robustez emocional de la última escena: un plano cenital que transmite visualmente, sin estridencias, la soledad y la desesperación de un condenado.

Resulta muy complicado hacer poesía de la esperanza, pero Rectify lo logra. Es una historia demoledora y trágica que, sin embargo, alcanza la inusitada virtud de transmitir alegría por la vida. Es una historia profundamente humanista, que anima a recapacitar sobre la justicia, la culpa, la perversión moral y el perdón. Eso sobre lo que tanto nos queda por aprender en esta triste España nuestra.

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15 Comentarios

  1. Ivan

    Absolutamente brillante. Me parece una serie que cuida hasta el más mínimo detalle, desde las actuaciones hasta la planificación, pasando por el tempo, la dirección, los dialogos, la banda sonora, la fotografía… Qué gran sorpresa la de Ray McKinnon, que ha demostrado ser tan buen showrunner como actor.

    Esperando ya con ganas la más que imprescindible segunda temporada.

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  2. Patri

    Gran análisis, Nahum, como es habitual en ti. Para mi, Rectifiy, es de una belleza visual increíble, es poesía visual. Ayer leí la crítica de LA Times y me quedé con la frase \”It isn\’t just good TV, it\’s revelatory TV\”. Así lo veo yo. Pero como tú, coincido en que no es de consumo fácil y no apto para todas las audiencias. Esa cadencia, ese ritmo lento que se recrea en las imágenes, en las miradas, en los silencios… Sí, uno de los estrenos de la temporada, sin duda alguna.

    Gracias!

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  3. Juan R.O.

    Estupendo análisis, huele a obra maestra. Una curiosidad: McKinnon comparte una productora llamada Ginny Mules Pictures (http://vimeo.com/5241273) con el genial Walton Goggins 🙂 Los grandes siempre andan en manada.

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  4. Alexfaulk

    Totalmente de acuerdo con la mayoría de las opiniones y desde luego, sitúo a Rectify al frente de las grandes novedades del año… (aunque creo que Hannibal se merece un puesto en el top tres de esta primera mitad de 2013 por encima de House of Cards… y pese a que yo reivindico la serie de Spacey muy por encima de lo que muchos críticos dicen, que la tildan de decepción).
    Estoy de acuerdo hasta con la apreciación de que la paliza final puede sonar algo forzada… Sin embargo, la paliza está latente durante toda la serie y si no se produce antes es porque la hermana se cuida muy bien de tenerle atado (vigila hasta su bautismo)… En cuanto el pobre Danny se independiza un poco, le cae la inevitable agresión que se palpa desde que sale de prisión y que se sostiene con las apariciones del sheriff y del senador iracundo. Es cierto, eso sí, que todo se acelera un poco en este episodio (con ese buzón que explota) y que el hermano de la chica muerta no aparece hasta ahora, pero yo creo que es a propósito, porque me da a mí que, una vez explorado el universo personal-familiar de Danny, una de las vertientes del guión de la segunda temporada (que además será el doble de larga) podría ser la familia de la víctima, como antiicipa no sólo la paliza sino también esa imagen terrible (por dolorosa) de la madre rodeada de muñecas.
    Es decir, que la paliza lo que hace es ir situando a los personajes (los protagonistas de ésta y los nuevos) para la segunda temporada y que lo único que me extraña es que no se produjera antes…

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  5. dam

    No voy a hablar de la serie pues no la he visto, pero si me perdonáis el off-topic, cuando Alberto dice lo de los etarras, yo ni soy ni habito en el norte, pero pienso también en los franquistas (quiero decir, todos los que pertenecieron al régimen), que si bien no sería una historia de retorno (o sí, según el caso), eso de \”con vergüenza, carcomido por la culpa, consciente de todo el dolor causado\” se les podría aplicar a ellos y también es una de las grandes faltas que arrastramos en este país. Sin embargo se les perdonó y han seguido campando por sus anchas.

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  6. Alberto Nahum

    IVÁN: Jo, a mí me da algo de miedo que algo tan redondo tenga problemas para desarrollar la historia en largo. Pero, desde luego, se han ganado el beneficio de la duda.

    Liz: Nunca me he ido por mucho tiempo…

    PATRI: Gracias, Patri. No he visto esa crítica del LA Times (podías haberla enlazado. ¿Era de McNamara?). Bueno, voy a buscarla. Pero me gusta eso de \”revelatory tv\”, muy acertado.

    JUAN: Y no solo eso, ¿sabías que con Goggins a la cabeza ganaron un Oscar? Te dejo buscar por qué, jeje.

    ALEXFAULK: ¡¡Ay, se me olvida mencionar el plano de la habitación!! Muy, muy doloroso. Y muy astuto para \”justificar\” la paliza de después que, como digo, creo que el propio Daniel se la busca. Es una pena que no hubieran humanizado algo más al hermano, antes de mostrar ese momento, puesto que el gris moral en el que se mueven pedía un agresor \”humano\”, por llamarlo de alguna forma. Sí está más trabajada la madre de la asesinada, por ejemplo.

    DAM: No es off-topic para nada, yo mismo empiezo la crítica con eso y cómo un tema tan lejano a un condenado a muerte en USA me recuerda a cosas que ocurren en la España actual. En todo caso, dicho eso, no termino de entender su comparación, francamente. Para empezar, porque el franquismo terminó hace casi 40 años, pero sobre todo porque no sé cómo se equipara moralmente una cosa con la otra, como si fueran condenas excluyentes… No sé, ya puestos, siga tirando del hilo y acuda a las víctimas de la guerra civil, a las del anarquismo de principios de siglo, a las de las guerras napoleónicas, a los Reyes Católicos y así. Yo hablaba de algo que ocurre aquí y ahora (mire los enlaces, por ejemplo, que son recientes). No sé, es un tema complicado y quizá no convenga adentrarse desde aquí, pero, por supuesto, si lo cree conveniente, podemos discutirlo.

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  7. dam

    Tienes razón en que es un tema complejo y que aquí quizá no sea el sitio para debatirlo, pero yo lo único que quería decir es que ante tu frase sobre que \”Habito un país triste donde los asesinos son recibidos como héroes y las víctimas bajan la mirada\” y que tu achacas con exclusividad al tema vasco, yo hago un paralelismo con lo que sucedió con el franquismo. Quizá porque fue un régimen que no fue derrocado, sino que mas bien, digamos que abdicó, aquí se han perdonado a todos los fascistas asesinos que participaron en dicho régimen, y de pedir perdón vamos, ni de coña. Incluso hay un partido en el Parlamento (el que ahora ostenta la mayoría absoluta) que se niega a condenar públicamente el régimen franquista. Esos enlaces que pones, pues sobre el primero, no es lo mismo esa gente que va al Valle de los Caídos cada 12 de Octubre a cantar el cara al sol? Y sobre el segundo, pues como se sintieron muchas víctimas del franquismo durante la transición y aún actualmente, pues no se ha hecho justicia, y lo mas triste es que jamás se hará. Y aún hoy en algunos canales españoles corren tipos como éste diciendo animaladas como éstas http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=5x_Spe212lE
    Pero bueno, es un tema espinoso y tampoco quiero crear gran polémica.
    Por lo demás decir que leo tu blog pues me gusta como escribes y suelo estar muy de acuerdo con tus críticas, excepto quizá en tu equiparación entre The Shield y The Wire. Para mí The Wire está un escalón (o dos) por encima de todas las demás (incluida The Shield obviamente), pero esto ya son gustos.
    Saludos

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  8. AlbertoNahum

    DAM: En efecto, es muy complejo, pero me temo que nos olvidamos de lo que fue la Transición (algo que, por cierto, ahora quiere olvidarse, planteándolo como una bajada de pantalones ante la extrema derecha, como bien explica Muñoz Molina): una reconciliación entre las dos Españas que se habían matado unas décadas antes. Recuerda la foto de Alberti y La Pasionaria en la mesa de edad del Congreso. No me parece, en todo caso, que esa situación de dictadura tenga mucho que ver con un terrorismo que, en democracia, se ha cepillado a más de 800 personas por pensar diferente. Insisto en lo que decía antes: no entiendo eso de que por citar una injusticia haya que citar otras 750 anteriores. No. Hablo de aquí y de ahora.

    Y, por cierto, lo de que el PP no condenó el franquismo, me temo que no es cierto. Se ha convertido en un mantra. Esta noticia de El País de 2002: http://elpais.com/diario/2002/11/21/espana/1037833222_850215.html

    Pero, vamos, estaríamos entonces en lo mismo, siguiendo esa lógica (que, como te digo, me parece errónea): ¿tienen todos los partidos creados en democracia que condenar todas las acciones ocurridas hace siglos por gentes con las que no tenían que ver? ¿Ha de condenar IU las brutalidades del marxismo estalinista para poder tener label democrática en la España actual? ¿Desterramos de la prensa a Juan Luis Cebrián porque hizo carrera como Director de Informativos en el franquismo? Puff, así con todo, sería una espiral desquiciada. A mí, honestamente, me interesan las políticas de ahora, no una vaporosa relación con el pasado…

    Pero insisto en lo importante: ¿qué tienen que ver los asesinados con ETA en un pequeño pueblo de Euskadi con un régimen que terminó en 1975? No lo entiendo, sorry.

    Gracias, en todo caso, por el diálogo. Yo también quiero un poquito más a The Wire, jeje.

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  9. carlos risu

    Buenas noches. Acabada de ver (de un tirón)…. y recomendada como venía por el autor del blog (me dijo: tienes que verla!) etc… ¡qué menos que dar feedback!

    Rectify es un producto exquisito. Y eso significa: hay unas intenciones de narrar algo que intentan ir más allá de lo establecido. No es una serie de etarras. No es una serie de buenos y malos. No es una serie bla bla bla. O sí, pero yo no he \”querido ver eso\”.

    Rectify es lenta: Esquema terrenal. Rectify es curativa: Esquema humano. Volver a la vida ES así de lento. Todos hemos cometido errores y cuando un error es CASTIGADO de esa manera, el tiempo se convierte en otra cosa. Y contarlo no es nada fácil pero en Rectify lo intentan.

    Una serie bellísima. Después vengan ustedes y proyecten sus teorías sobre la justicia y el castigo.

    Responder

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