, archivado en Better Call Saul

Chuck-and-Jimmy

Lo insoportable sería que la historia de Caín no exhibiera un reverso luminoso porque, entonces, eso implicaría la demolición de toda esperanza. Y, ¿qué nos queda sin ella?

Pero que la Biblia -tan salvaje, tan simbólica- emplee la moraleja como paracaídas narrativo no implica que sus vástagos repitan fórmula. Ni de coña. La tercera temporada de Better Call Saul (Movistar) agria el mito haciendo competir a dos hermanos en hijoputez y miseria. El cinismo -reverso lúdico de la desesperación- espolea la malherida amargura que atraviesa el final de esta demoledora (subterráneamente demoledora) temporada.

La tragedia era esto: un hermano intentando acabar con la sangre de su sangre. Y duele más, muchísimo más, tras recordar cómo el mayor reconforta al pequeño al calor de la lumbre de un campamento, ahuyentando los fantasmas y prometiendo que todo saldría bien. ¡Ay, esa linterna que nos cobijaba de la oscuridad en los cuentos de la infancia es ahora el gatillo que nos transporta a la noche oscura! ¡Ay!

lantern

Hábilmente especiado en el teaser, el nudo en la garganta que deja la última patada de Chuck se cocina durante minutos, en una secuencia extraordinariamente violenta… pero muy a tono con la representación de la violencia que hace toda la serie: callada, furtiva, seca como un vaso de arena. En un año donde la psique enferma ha regalado una golosina visual como Legion, Better Call Saul ha apostado por un retrato mucho más embridado, pero igual de doloroso. Asistir a cómo un enfermo mental va cavando su propia tumba siempre resulta desgarrador, por la imposibilidad de la razón. Pero, vaya, cuando el ego se empeña, además, en echarle limón a la herida la impotencia puede alcanzar cotas cósmicas. Tras el falso oasis de su recuperación, Chuck persiste en su travesía por el desierto: se ha cargado su reputación, su ex-esposa, su bufete, su psiquiatra y su hermano. La morosidad con la que Peter Gould -co-creador de la serie, director de la season finale- filma la obsesión del mayor de los McGill, acompañado de esa enfermiza melodía à la Jeff Beal, nos genera una inquietud tan perturbadora como trágica. Destrozar el hogar como metáfora de la aniquilación de la propia vida. Un imposible tras otro, como cazar dinosaurios con tirachinas.

Chuck siempre ha sido la víbora de la serie, hasta en sus últimos lengüetazos: “La verdad es que nunca me has importado mucho”, le escupe a Jimmy, tras su enésimo intento por suturar las heridas. Chuck es el villano, nuestro Caín, una renovada Skyler para los haters, sin complejo sexista de culpa, encima. Y, como pasa en los grandes relatos, la voltereta es que nos apene tanto su muerte. ¿Por qué? Porque Gilligan y Gould han sabido administrar sabiamente el caudal moral de la serie, una habilidad que dominaron en Breaking Bad. Chuck es un tipo deleznable, pero, oh, también una víctima: de sí mismo, de su ego, de sus faroles con el leal y apaleado Howard y, sobre todo, de las maniobras de tahúr de Jimmy.

Better-Call-Saul-Season-3-Poster

Que Jimmy se cainice empuja a Better Call Saul fuera de terrenos maniqueos, de blancos puros y negros siniestros. Sí, por supuesto, la premisa de la serie es mostrarnos las aristas del “efecto Lucifer“, pero no olvidemos que Jimmy McGill comenzó su periplo narrativo siendo un tipo honesto y decente, a pesar de todo. La muerte de Chuck constituye uno de los esperados puntos de giro. Un clavo más en su ataúd, a la espera de que Kim Wexler se evapore como última resistencia frente a la tentación del mal y el confort del cinismo Goodman.

Porque por ahí ya van emergiendo el resto de manzanas prohibidas. En una serie que los espectadores vemos con un ojo en el retrovisor, la esperada aparición de Gus Fring no ha defraudado ni narrativa ni emocionalmente. Todo el backstory de Breaking Bad se va cementando sin prisa pero sin pausa. Como si un dominó se tratara, el apretón de manos entre el rey de los pollos y nuestro matón más efectivo y samurái (3.8.) nos provoca una extraña melancolía; porque sabemos que a partir de ahí solo caerán piezas y más piezas, por muy alto que vuele esta alianza…

Es atractivo llenar huecos -la enfermedad del jefé Salamanca-, atisbar futuros –Lidia, aún sin su obsesión por la stevia; Huell, antes de atiborrarse a pasteles de crema- y comprender motivaciones -el odio secular entre Don Héctor y Gus-, pero el gran problema de la parte Mike es su distancia estructural con la historia de Saul Goodman.

Season 3 poster

No me entiendan mal. Mike sigue siendo un personaje sólido, complejo y fascinante. Algunas de las mejores secuencias de la temporada imponen su silueta: la obsesión por encontrar rastros del enemigo en su coche, el truco de las zapatillas drogadas, el western con Gus Fring en medio de la carretera (3.3.). El relato sigue alimentando su tormento interior sin renunciar a su eficacia letal. La “amistad” con los Pollos Hermanos resulta bien triangulada con Nacho Varga. Y, sin embargo, siempre que acabo un episodio la sensación que me deja es la de ver dos series en una, con cada parte haciendo la guerra por su cuenta. Echo en falta más cohesión. Más ovillo, como en el final de la primera temporada.

Ahora que parece que la subtrama fratricida ha dejado de echar humo (para siempre), tocará volver la mirada a esa extraño amor entre Jimmy y Kim, la relación con menos pasión física de la televisión contemporánea. Más allá de sus fantasías de timador de cuello blanco, el proceso de deshumanización de Jimmy sigue a velocidad de crucero, en unas ocasiones por pura supervivencia (el tikitaka legal y afectivo en el impresionante “Chicanery“, cima del año), en otras por ambición (¡Bingo, pobre Irene!) y en las de más allá por rabia (el resbalón musical del 3.8.). Pero, como sabemos por la serie madre, Saul es un caradura, pero un caradura con su corazoncito… esos sentimientos que, a la postre, le llevarán a trabajar, derrotado y fantasmagórico, en un Cinnabon de Nebraska. Por cada jugada sin escrúpulos, por cada zancadilla familiar, por cada persona a la que hunde para su propio beneficio, Saul Goodman siempre guarda espacio para el remordimiento y la ordenación del caos que él mismo ha provocado.

Kim and Jimmy

“Al final, vas a dañar a todo el mundo que tienes a tu alrededor; no puedes evitarlo. Así que deja de pedir perdón por ello y asúmelo”. De las cuatro cláusulas que contiene esa viperina acusación de Chuck, dos aún no se cumplen: Jimmy aún puede evitar el daño y todavía no es capaz de asumir su faceta más cainita. La brillante y ahora noqueada Kim Wexler lo sabe; el noble Mike Ehrmantraut no podrá evitarlo; y el pérfido Gus Fring sabrá afilar el punto débil. Saul Goodman, de momento productor, ya ha asomado su patita. La muerte de Chuck acelerará la combustión interna. “Crecimiento, descomposición… ¡y luego transformación!“. Arrrg. Y el saber popular, encima, dice que la historia se repite como farsa…

Lo que Jimmy McGill jamás pudo imaginar -con sus conocimientos básicos de Química- es que la muerte de Caín multiplicaría su legado.

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2 Comentarios

  1. Ricardo

    Excelente reseña!
    Una lástima lo de Chuck. Junto con Jimmy los mejores de la serie. Toda su trama durante esta temporada ha estado a un nivel altísimo. Lamentablemente no se puede decir lo mismo de las tramas del cartel.
    Héctor es un personaje que funcionaba perfectamente en BrBa debido a su condición, pero en BCS no tiene gracia, es solo un viejo cascarrabias sin ninguna tridimensionalidad. Y al igual que pasaba en BrBa, los personajes del cartel se sienten muy estereotipados. Espero que pasemos del cartel a Madrigal en la 4T.
    En fin, gran temporada, un peldaño arriba de las anteriores. Sólo le falta un poquito más de mala leche y aumentar una marcha en todos su frentes para poder estar a la altura de las grandes. El potencial obviamente lo tiene.

    Saludos!

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  2. Mikel

    Better Call Saul sigue demostrando que es una maravillosa obra “fallida”:
    1) Narración rumiante y morosa, como dijimos el año pasado.
    2) Estructura dispersa, como bien indicas.

    Es el punto 2 el que realmente genera problemas: historia y secuencias enormemente brillantes (me refiero a Mike y Fring) de una calidad de página extraordinaria, pero que no pueden evitar dejar un sabor a “escena eliminada” de Breaking Bad. Sobre todo cuando, las historias se rebelan verdaderamente paralelas, es decir, que no entran en dialéctica. Me pregunto si realmente tienen un plan para que ambas converjan y si los asteroides “Mesa Verde-Kim”, “HHM-Howard”, “Salamanca-Nacho”, “Fring-Mike” acabarán chocando entre sí. Esa es nuestra esperanza.

    La historia de Jimmy McGill (por encima de todo, un superviviente y un fondo de “cuidador”) es, a la fuerza, mucho menos explosiva e intensa que la de Walter White, y sin embargo no podemos dejar de decir que es igualmente embaucadora.BB era anfetamina, BCS un whisky añejo: La elegencia de la puesta en escena, los afilados diálogos, la espesura narrativa, el respeto por los personajes, etc hacen de Better Call Saul una obra a saborear lentamente degustando todo sus matices, incluidos aquellos que no se integran en la experiencia en primera instancia.

    Esperaremos con la curiosidad de un Hannibal Lecter que nos deparará la cuarta temporada.

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