, archivado en Better Call Saul

BBad Season 5

Primero se acerca una hormiga. Y otra. Y otra. Y otra. Así hasta devorar ese rico helado, símbolo de la inocencia. Una mosca antaño, un escarabajo en El Camino, una hormiga ahora. Una montaña de himenópteros se apelotona sobre un sueño. El cono en el suelo, sombra de lo que fue. Jimmy McGill y y la fauna que le circunda. El yo amenazado -de por vida- por todas esas criaturas a las que una vez pensaste que podrías darles la mano sin infectarte. Jimmy, Saul, Gene. Siempre quedan restos, incluso en el Cinnabon de Nebraska, cuando alguien te reconoce en la season premiere. Es la naturaleza, que jamás perdona sus pactos; se los cobra con intereses. “Ese es el precio”, le espeta Jimmy a Lalo, con la pesadilla del desierto en el horizonte. No es una métafora nueva en el universo Gilligan-Gould: “En general el comportamiento de las células cancerosas se caracteriza por escapar al control reproductivo que requería su función original, perdiendo sus capacidades primitivas y adquiriendo otras que no les corresponden, invadiendo de forma progresiva y por distintas vías órganos próximos, o incluso diseminándose a distancia”.

“Invadiendo de forma progresiva”. Ouch. Kim, oh, Kim. Ese inocente gesto último de simular el disparo de un vaquero, como si todo esto no fuera más que un juego. La misma rabia contenida del primer Jimmy y del último Saul, esa “bacteria” capaz de escupirle a Howard rayos con sus dedos. Esa exacta soberbia: Kim también está breaking bad. ¿Y si la que pensábamos que era el último salvavidas de nuestro antihéroe acaba siendo, en realidad, su catalizador?

Este inesperado giro del genio femenino explica por qué este quinto año ha sido, posiblemente, el más sólido de Better Call Saul, junto con la bíblicamente devastadora tercera temporada. Sí, por supuesto, tenemos este año el añadido permanente del carismático villano interpretado por Tony Dalton, que ha permitido insertar, con naturalidad, esa cuota de acción (¡¡vaya con esa última balacera mexicana, güey!!) que solo aterrizaba en la serie por el lado de Mike. Mike, oh. El atormentado Mike Ehrmantraut. Más allá de la espectacularidad bélica del impresionante episodio del desierto (5.8.), Mike ha seguido demostrando que su mayor enemigo es él mismo: el peso de su conciencia por el asesinato de Ziegler, por su hijo, por sus códigos y sus half measures. Su sentencia de muerte en Breaking Bad no cesa de firmarse aquí y ahora. La temporada también ha sabido pasar página de la sombra de Chuck, orillando a Howard Hamlin como alivio cómico y punzón de la doblez resentida de Jimmy.

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Pero decía que la verdadera llave de la temporada ha sido la evolución del personaje interpretado por la excepcional Rhea Sheehorn, capaz de driblar al espectador sin salirse del campo de juego. Ha regalado sorpresa, pero siempre dentro de la coherencia narrativa y dramática. El peso de su historia familiar en los conflictos entre legalidad y moralidad; su amor (¿adicción?) a Jimmy, capaz de emprender una huida hacia adelante pasando por el altar; o esa soberbia réplica a Lalo Salamanca, en el salón de su casa. Que Kim Wexler era uno de los personajes más sabrosos de la serie lo llevamos diciendo desde el inicio, pero este año ha supuesto su explosión definitiva. No solo por las aristas dramáticas que ha seguido limando, sino por erigirse en una pieza clave en la trama de fondo de la serie.

Dar este paso es invitar a las hormigas al postre.

Este crecimiento narrativo de Kim ha culminado el otro gran hallazo artístico de esta temporada: la confluencia temática. El mayor problema de la serie -la que la ubicaba un escalón por debajo de Breaking Bad– siempre ha sido su dispersión narrativa. El cartel y el juzgado; la acción y la palabra; cada guerra tenía trinchera propia… Este año, tras decenas de capítulos de siembra, las piezas van encajando y, como en el dominó, la caída de una arrastra a la siguiente, y esta a la siguiente… El clímax de la temporada -una secuencia enervante en su cadencia, estirando el tiempo como en un duelo de Leone– condensa lo compacto de la trama: Jimmy, Kim, Lalo y (telefónica y visualmente) Mike jugando en tropel al ratón y al gato. En esa larga y brillantísima secuencia resuena toda la temporada: las mentiras y verdades del matrimonio de conveniencia, aquella niña de carácter capaz de andar con su violonchelo a cuestas hasta casa, ese vínculo entre Mike y Jimmy que solo forja haber mirado juntos a la muerte, el precio de Jimmy por haber ayudado a Lalo, fascinante perro de presa, las maniobras de ajedrez entre clanes al sur de la frontera… ¡Todo Better Call Saul emerge ahí, en esa habitación!

Ha sido tal el nivel de este año que hasta Nacho Varga ha adquirido una tridimensionalidad inédita maniobrando como agente doble. El relato a fuego lento ha comenzado a hervir y Better Call Saul afronta su temporada final con lo que toda serie de largo recorrido ansía: un infartado equilibrio entre lo inevitable y la sorpresa. Porque este año ha demostrado que puede manejar ambas con una destreza apabullante. En Better Call Saul, por definición, hay numerosas tramas que solo cementarán el cómo. Incluso cameos como los de Hank y Gómez pueden ser un aperitivo para los de Walt y Jesse. Pero, más allá de rellenar esos huecos que nos conducen hasta el imperio de Heisenberg, la serie aún tiene que desvelar muchos, muchísimos enigmas apasionantes de su exclusivo perímetro narrativo. Y ahí es donde Kim Wexler se antoja la pieza clave. Porque si Kim también ha escogido la carretera equivocada (5.9.), entonces debemos “abandonar toda esperanza”. Porque será ella misma la que guiará a las sombras errantes de Jimmy y Saul hasta el Hades en blanco y negro de Nebraska.

 Better call Saul 5.1

3 Comentarios

  1. Flames

    Todavía no he acabado la temporada, por lo que he dejado de leer el artículo que presumo estupendo, como siempre.

    Me alegro pode leer algo sobre ese personaje, KIM. Me parece uno de los personajes más impresionantes que he visto nunca. Me da una pena……. tan inteligente, tan leal…. y eso que no es el típico personaje autodestructivo que hemos visto tantas veces en literatura, cine o televisión. Pero es que se junta con un SAUL GOODMAN que rompe moldes y no es precisamente la persona más adecuada de la que enamorarse.

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  2. Arturo

    La quinta temporada me ha parecido fantástica. Sin duda la mejor de todas de una serie excelente. Me da un poco de pena que sea una secuela de Breaking Bad lo que le puede quitar algo de mérito -buena parte de los personajes ya fueron espléndisamente desarrollados en la serie madre- porque creo que ha logrado crear su propio mundo particular aunque, claro, es imposible olvidar su origen.

    KIm es uno de los personajes mejor trazados que he visto en los últimos años y su química con Saul es espectacular.

    Una joya que recomiendo no perderse.

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  3. Flames

    Pues coincido con vosotros. Esta quinta temporada ha sido de lo mejorcito. Lo que comentáis de haberse alejado de los juzgados le favorece.

    Y eso que yo tengo un problema: no me acuerdo lo suficiente de BREAKING BAD como para darme cuenta de sutilezas o del papel de cada personaje. Por otra parte me preocupa muy poco BREAKING BAD; quiero decir que sigo BETTER CALL SAUL con gusto sin necesidad de paladearla porque sea la precuela de la otra.

    Y seguro que lo habéis pensado….. pero a KIM le espera el peor de los destinos. No va a cerrarse la serie y producirse la total transformación de SAUL, con KIM cogiendo un autobús a otra ciudad y a otro trabajo.

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