, archivado en Mad Men

Don Draper: ¿Qué es la felicidad? Es un momento antes de que desees más felicidad. No quieres la mayor parte de ella… ¡la quieres toda! (5.12.)

(Fuente: amctv.com)

La existencia como una búsqueda imposible, condenada al fracaso de las expectativas. La insatisfacción como apellido del hombre. La puñetera naturaleza humana, que se empeña en mirar las llamas del abismo. Quizá hasta lo haya cantado Benjamín Prado: la vida es una paradoja porque cuanto más vacía es más pesa.  Y la felicidad no es más que la añagaza de Aquiles y la tortuga: cuando la alcanzas ya se ha movido de su sitio.

No. Es imposible. No se puede competir contra lo ideal: la realidad siempre bajará mucho más sucia, prosaica y pendenciera. El ideal es precisamente eso: un refugio, una promesa… y una gigantesca excusa.

Esta utopía del yo es la fuerza tractora de Mad Men. Un vendaval silencioso que arrastra a los personajes hacia la autodestrucción, la mentira, la deslealtad o el mercadeo humano. Sus personajes sientan a la belleza en sus rodillas y siempre la encuentran amarga. Desayunan tristeza y cenan melancolía, como un poema de Rimbaud; durante el resto del día visten máscara y disfraz, venden humo y se emborrachan de éxito y carmín en un mundo sin Dios ni esperanza.

(Fuente: amctv.com)

Cada vez que concluye el drama estrella de la AMC (en España por Canal Plus) me recorre la misma sensación de desasosiego, la misma punción que produce un relato de Carver o un cuadro de Hopper. Ahora, tras cerrar su temporada más existencialista -la más obsesionada con la muerte-, toca poner orden en esta anatomía del desencanto. Espoilers a continuación.

Este año ha sido el más rico en imaginería visual y simbolismos. Basta comprobar las canciones que clausuran cada capítulo, tan fértiles en relectura. Los sesenta despegan con su psicodelia(¹), sus colorines y su conquista definitiva de la posmodernidad. Woodstock, Berkeley y Manson quedan ya sólo a un suspiro. Pero el salto estético no es únicamente una cuestión formal, sino también narrativa. El show ha perdido este año sutilidad y a los dobles sentidos solo les ha faltado empaquetarlos con un libro de instrucciones en letra 16. Esto en sí no es malo: en ningún sitio está escrito que Mad Men deba complacer solo a los primeros de la clase.

La consecuencia de esa relajación de la elipsis ha sido que, para remarcar las metáforas y los juegos de espejos, la serie ha ganado en plasticidad. Elija su momento inolvidable: Megan mirando “suicidamente” por el balcón tras dar el cante, Don soñando estrangulamientos, Peggy recibiendo un “dinerazo” en la cara, Don asomándose al abismo en el hueco del ascensor, Pete asumiendo la facilidad con la que se desvanece un corazón, Sally siendo “convidada a la vida” (que diría Zapatero) o, ay, el dolor de dientes de Draper o esta oscuridad en la que queda sumido tras el engañoso cuento de “La bella y la bestia”.

(Fuente: amctv.com)

Por ahí la serie ha pegado un brinco. No sé si adelante o atrás, pero algo ha cambiado. También ha sido un año más ambicioso en cuanto a estructuras narrativas. Si en la cuarta temporada Weiner se aflojó el corsé y se permitió una voz en off para el Draper post-depre, este año ha jugado con secuencias alucinadas para Roger Sterling, con su ya mítica psicofonía en LSD, resuelta visualmente sin histeria. Pero lo más sorprendente ha sido juguetear con la temporalidad del relato en un par de ocasiones: en la tangana entre Megan y Don (“Far Away Places“, 5.6.) y en la prostitución de Joan (5.11.).

Aquí llegamos al agujero negro, a uno de los peores movimientos que ha ejercido la serie en sus cinco temporadas de vida (olvidemos animalitos menores como la patosa historia de Kensey-hare-krishna-hare y la psicópata de su novia, uf). Lo explican los críticos James Poniewozik (Time) y Linda Holmes (NPR) con todas sus llagas: en ese “The Other Woman” Joan Halloway acelera de 0 a 100 en 46 minutos. Y no, eso no cuadra con su personaje… ¡ni con quienes la rodean! Los creadores le extirpan toda la vida para convertirla en un mero artefacto narrativo. Claro que es un capítulo incómodo, claro que los actos que refleja resultan vomitivos, pero el problema no es de recepción moral –Mad Men siempre se ha movido, al fin y al cabo, en esos vertederos de lujo-, sino de coherencia interna. Ni la Joan que conocemos habría mordido ese anzuelo tan fácilmente ni el resto de jefes habrían dado el plácet con tanta soltura(²).

Es diferente, por ejemplo, al adiós de Lane del capítulo siguiente. Por muy cobarde que sea un suicidio -y los humanos somos muy cobardes-, su desesperación se ha ido construyendo a lo largo de toda la temporada, distribuyendo detalles sobre su frustración amorosa y profesional, sus miedos, su extrañamiento geográfico y sus callejones sin salida. Su decisión irreversible puede estar más justificada o menos, pero sí que ha habido un intento por ir sembrando, mientras que en el caso de Joan su dilema cae como un paracaídas en trinchera enemiga. Antes de cerrar el párrafo: qué bueno el humor negro de Weiner durante la secuencia del suicidio. En efecto, los Jaguar no son fiables y las gafas -qué gesto tan delicado y genial- pueden bastar como monóculo.

(Fuente: amctv.com)

El subidón emocional de “Commisions and Fees” dejó la season finale como un mero epílogo, desnudo de la trascendencia o la solemnidad de cierres anteriores. El paralelismo con el carrusel de Kodak genera una cadencia interna que nos anuncia el nuevo reset de Don Draper. El enésimo. La felicidad se puede contemplar, pero nunca poseer. Como reza Nancy Sinatra en la canción final, “solo se vive dos veces”, con “una vida para ti y otra para tus sueños”(³). Draper siempre ha sabido por cuál apostar: por eso siempre está corriendo, huyendo del compromiso. Es una sombra, un fantasma, un otro. Un sueño.

Por momentos pensé que esta vez sería diferente, que Megan, con su fragilidad de gacela, domaría al león. No en vano, la temporada ha estado muy centrada en ella, un personaje que comenzaba sin tiempo de cocción previo. Hasta que los escupitajos de sus padres -demoledor el cierre del excelente 5.7.– la desestabilizan infectándola con la dichosa utopía del yo.

(Fuente: amctv.com)

¿Qué hará Don Draper ahora? Correr, como siempre. Huir de sí mismo. Porque aún cree que se puede vivir dos veces y, lo que es peor, no sabe que -como escribía un derrotado d’Ors– “la Felicidad consiste en no ser feliz y que no te importe”.

Él también se empeña en perseguir un fantasma; uno al que cada mañana habrá de decirle: ¡Buenos días, tristeza!

——————

(1) Si Revolver fue el disco de inflexión en la carrera de los Beatles, “Tomorrow Never Knows” era su tema más vanguardista. A mí siempre me pareció un coñazo insufrible, pero reconozco que ha venido como un guante para abrochar el 5.8. No solo por la metabroma sobre lo que costó, sino por el simbolismo de la letra, tan desalentadora en su intento de rendirse ante el vacío.

(2) Dicho esto, la actuación de Christina Hendricks en ese episodio, especialmente en las secuencias finales, es fabulosa. Punzante. El mejor año de esta actriz, sin duda. Ha conseguido eclipsar a la otra gran fémina de Mad Men: la siempre ascendente Peggy Olson. La evolución de Peggy -ser complejo y contradictorio en sus ambiciones- ha resultado muy sugerente esta temporada y permanece como uno de los personajes más redondos. Hay que aplaudir que Weiner se haya atrevido a dar un paso lógico en el relato -la contratación de la señorita Olson por otra agencia-, aunque esto suponga que el año que viene quede reducida a secundaria ocasional. Ha ocurrido con Betty y la jugada ha funcionado. Ya veremos, puesto que Peggy ostenta una proyección ideológica en el relato de la que carecía Betty… y ahora también Megan.

(3) No lo he citado en el cuerpo de la reseña, pero en los paralelismos que traza la serie destaca la fascinación (magnífico el detalle del sonido de la gota al final del 5.5.) que Draper ejerce sobre Pete Campbell, otro tipo que aspira a institucionalizar la doble vida. Desechados sus intentos de renovación moral de la temporada pasada, el viscoso personaje interpretado por Vincent Kartheiser ha exhibido un arco argumental tan patético como desolador. Aunque su romance haya resultado facilón en muchos tramos, ha dejado algunas secuencias dolorosas, tanto que hasta hemos querido -en un ejercicio de empatía difícil de lograr- que el capullo de Pete obtuviera el premio y se largara a Los Angeles con su chica Gilmore

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33 Comentarios

  1. satrian

    Estoy contigo en que el capítulo de Joan es el que menos cuadraba, puesto simplemente porque les pareció bien, no porque cuadrara con los personajes.

    Responder
  2. Luissss

    No he leído la entrada completa porque aún no he he visto el 5.13, pero me alegra encontrar una opinión -en español- que comparte conmigo que el 5.11 es un episodio algo torpe (para mi sorpresa, este episodio gustó muchísimo en general). En todo momento me pareció forzado, pasado de vueltas (para lo que suele ser la serie), con mucho subrayado (Ayyy ese directivo gordo, caprichoso y capitalista, qué malo es y cómo cosifica todo) y con mucho \”porque sí\” en ciertos cambios de pareceres de los personajes. Y es una lástima, porque hasta ese episodio la temporada llevaba una serie de 4 o 5 capítulos ACOJONANTES (desde el 5.6 al 5.10 más o menos). Por suerte, el potentísimo (y nada gratuito) 5.12 levantó el vuelo, y de qué forma. A ver qué tal la season finale.

    Saludos.

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  3. bvalvarez

    Tenía muchas ganas de leer tus comentarios al respecto de esta temporada, que también he percibido muy distinta al resto de entregas. Muy de acuerdo en todo excepto en lo de Joan, aunque ya he comentado que Goodman de The Hollywood Reporter y yo debemos ser los únicos del universo que le vemos sentido a la decisión de su personaje: \”educada para ser admirada\” y siempre manejando esa admiración de forma muy conveniente, por un lado; y en todo momento preocupada por buscar su estabilidad (matrimonio con un hombre al que no quiere, por ejemplo), por otro. Si a eso le unimos la soledad (en esfera pública y privada) y cómo se le presenta la situación, tampoco me parece tan descabellada la idea de los guionistas.

    Harina de otro costal son los jefes. ahí sí que creo que patina algo la historia, sobre todo en el caso de Roger, al que no veo fiándose de la palabra de Campbell ni no acudiendo a hablar él mismo con Joan.

    Como siempre, un placer leerte, maestro.

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  4. Mobius87 (@Mobius87)

    Cuando Joan se presente con ese capítulo bajo el brazo en los Emmy (si la nominan), con lo golosa que es esa historia para quienes votan, tendría muchísimas posibilidades de ganar.

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  5. Carlosono

    Un auténctico placer leerle como siempre 🙂

    Muy de acuerdo con la mayoría de cosas expuestas; a decir verdad, todas menos una: la evolución de Joan hasta el capítulo 5.11.
    Habiendo leido a críticos como Poniewozik en su momento no entendí la crítica al arco argumental, como tampoco la entiendo ahora.

    Desde mi punto de vista, el descenso emocional del personaje se viene cuajando desde el arco argumental de su marido y su maternidad; su nueva situación la lleva a engendrar la sensación creciente de que es una persona que ha perdido su lugar en el mundo y que ya no posee el poder de seducción de tiempos pasados. Como un \”objeto\” anacrónico, con la única función de contemplar como pasa el tiempo haciendo el mismo trabajo detrás de un escritorio durante el resto de su vida.

    Cuando toca fondo, al saber que Roger, un hombre con el que estaba conectada de una forma especial y padre de su hijo, no le importa al uso que se le de a su cuerpo (de la misma forma que no le importaba a su marido), decide usar ese mismo cuerpo (ya violado por su marido) como arma de poder. Con ello espera volver a sentir lo que sintió en un pasado: quiere convertir la frustración en esa rabia propia de la juventud.
    Pero, conectando temáticamente con la temporada, y como de una forma bellísima has apuntado: \”La felicidad se puede contemplar, pero nunca poseer\”, por lo que la decisión la deja vacía, con dinero pero sin conexiones emocionales con nadie.

    Al final veo más esta decisión como un momento que define al personaje y lo aboca al abismo donde van caiendo los personajes, que como un momento forzado para avanzar la historia.

    Respecto al tema de los miembros de la agencia aceptando eso:
    -Pete es un ser viscoso… Todo dicho.
    -Lane estaba ahogado por las deudas y solo buscando una solución a su problema
    -Cooper no le hace mucha gracia, pero creo que prefiere no mojarse en temas que quizás por el cambio generacional no acaba de entender.
    -Roger: creo que su situación emocional es la más aconseguida, pues su viaje extrasensorial , hace que se despegue de la realidad y empieza a relativizar las cosas de una forma que antes no hubiero hecho.

    Fantástico artículo porf. Nahum 🙂

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  6. @ernesmitre

    Durante toda la temporada he tenido el runrún de que algo no me cuadraba. Revisé antes de esta temporada la cuarta y ya por vicio la primera. Teniéndolas frescas, he de decir que aunque me gusta más que comer con las manos, he encontrado esta temporada distinta. Y eso que considero que hay auténticos capitulazos, pero es parecido a tener trece diamantes en una caja o trece diamantes en una pulsera. ¿Encuentras algo deshilachada la estructura general de la temporada, a falta de un hilo conductor más aglutinante, que la compacte, un \”de qué va esta temporada\”? Creo que en algunos momentos han caminado en círculos…

    Algo parecido a lo de Joan (que a mi personalmente no me disgustó) ocurrió con Megan, que de la noche a la mañana, se convirtió en una lumbrera de la creatividad, dando en el clavo con la campaña de Heinz. La historia de la secretaria que llega a copy ya la habíamos visto con Peggy en la primera temporada, pero contada con un desarrollo más amplio y mejor. Y sí, quizá se haya perdido algo de sutilidad, pero tengo la sensación de que a los guionistas les ha perdido su vanidad y han abusado un poco del \”mira lo que somos capaces de hacer\”

    Gran post, como siempre.

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  7. molinos

    No he leido entero el post porque no he terminado de ver la temporada. Volveré porque siempre es un placer leerte.

    Dos cosas: si vienes a Madrid aprovecha para ir a la exposición de Hoper del Thyssen y en esa linea..a mi Mad Med me recuerda mucho también a Richard Yates y su Revolutionary Road.

    Por cierto, has leido el libro de Ronna. Jaffe…\” Lo mejor de la vida\” en el que se inspira Mad Med?

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  8. @Aleyt1

    Gran post maestro Nahum, como siempre cuando acabo de leerte quiero quemar mis reviews!!

    Estoy de acuerdo con un comentario anterior en que esta temporada me recuerda al Madrid pre-mourihno un conjunto de estrellas brillando separadas pero sin formar un equipo.

    Para mi el problema fue la descompensación del tiempo dedicado a cada personaje y a construir su historia. No puedes llegar a decisiones como las que tienen que tomar Joan, Peggy o Pryce.sin un desarrollo del personaje que te lleve a ese punto. A peggy y Pryce les dieron un pelin más de cancha, bueno al segundo no fue más tiempo, sino mas obviedad al describir la trama.
    Pero Joan, que era la santa madre del saltarse las normas pero que nadie lo sepa, necesitaba mucho más que un bebe llorón, una madre neurotica y un pellizco en SCDP para permitir que todos supieran su pequeño pecadillo.Su dilema no se basaba en la etica, lo dije en mi review, sino en la pública exposición de su pecado, el problema no es hacerlo, sino que todos sepan que lo hizo y lo que gano con ello. Para este vuelco en Joan debían haberla puesto más al límite y para ello necesitaba minutos, como los jugadores que vienen del filial.

    gracias por iluminarnos, como siempre!!

    Responder
  9. Edgar

    Me ha gustado mucho el análisis, muy existencialista, y con muchas lecturas sobre el final de la serie que a mi no se me habían pasado por la cabeza. Así da gusto 😉

    Por cierto, \”Tomorrow Never Knows\” me parece un tema increíble, aparte de revolucionario, muy psicotrópico. No se puede estar de acuerdo en todo!

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  10. Heisenberg Dufresne

    Creo que la mejor definición sobre quién es Don o por qué Don es infiel a su pasado y a sus relaciones es la que él mismo declara (siendo ya una mentira más sobre su identidad aunque en este caso sea momentánea) en el episodio \’Babylon\’: \”Vuelo puentes.\”
    Es su constante, romper lazos (que como dices tú) ante un mundo sin Dios ni esperanza. Quizás ante lo único que se mantiene atado es al trabajo, al que le puede dedicar incluso horas extras.
    Es un desarragaido que añora Sión. Pero, ¿para él qué es Sión?

    Lo de Joan sí que en un principio me \”chirrió\” pero creo que se debía a tener que condesar esa problemática en un solo capítulo y es cierto que no eso no es propio de \’Mad Men\’.

    Una cosa que te quería preguntar como profesor: ¿Crees que los guionistas de series españolas están faltos de un bagaje literario (por las referencias que hay en esta temporada)?

    Responder
  11. Hyde

    Extraordinaria revisión del año, fantástica, maestro. Aunque discrepo de la mayoría de los críticos (y por tanto, debo de estar equivocado). A mí el capítulo \’The other woman\’ me pareció excepcional. No creo que sea tan fácil predecir el comportamiento de una madre soltera que ve pasar la oportunidad de su vida de garantizarse el futuro. Y el fastidio de Don al enterarse, al saber que él no logró el contrato. Y cómo Lane se la trajina para no tener que pagarle ese dinero que no hay en la caja. Y Megan ha disipado las suspicacias y recelos iniciales. Parecía un personaje metido con calzador y hasta hemos acabado adorando sus dientes… Con todo, el capítulo de Sally, el de \’At the codfish ball\’, también fue majestuoso.

    Responder
  12. Javi

    Vuelvo a tu artículo ahora que termino de ver la quinta tempoada de \’Mad Men\’. Sensacional tu comentario, sobre todo estoy de acuerdo con los punto flacos de esta temporada, ha habido muchas cosas que me han rechinado mientras la veía. Aun así, ha sido una temporada excelente (aunque tampoco sé si a estas alturas sabría meterme con ella).
    ¡Saludos!

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